Este relato es de la Sra. Josefina de Arbo, una mamá de nuestro programa. Raúl tiene 8 años, está con nosotros hace dos, es muy sociable y tiene autismo. Si bien solo unos días antes se le dió información sobre unos exámenes médicos a los cuales asistiría, a través de modelos, con una mínima aportación de pictos, un cuentito y sobre todo, explicándole lo que iba a suceder, este logro se puede considerar parte del trabajo de proceso para la adquisición de habilidades psicosociales como la autonomía, autogestión, tolerancia a la frustración y autorregulación, las cuales está incorporando y generalizando aún sin tener vocabulario y con grandes dificultades en funciones ejecutivas y discriminación. El relato es el siguiente:
“Asistimos a la feria de la salud organizada por olimpiadas especiales Paraguay. Fue una experiencia altamente positiva, ya que Raúl demostró que entiende y reacciona acertadamente a las instrucciones que le dan personas desconocidas, bajo la supervisión de personas allegadas a él. Pasaría un chequeo médico para participar en competencias de natación. Debía rotar en cinco modalidades: Odontología, Podología, Examen cardiovascular, Nutrición y Fisioterapia. Para ello había que formar fila y esperar turno, para lo cual habilitaron sillas puestas en hileras, contra la pared. Todos se sentaban para esperar turno, y a medida que iban pasando, se movían un lugar mas cercano a la puerta y así, hasta que entraban a la sala donde se les hacían el exámen. Raúl pronto se dío cuenta, previa explicación e instrucciones, y colaboró eficazmente con el sistema de espera. Le tocó primero ir a Odontología. Nunca lo había hecho antes. Mientras formaba la fila, le íbamos explicando que ocurriría adentro, y le mostrábamos como abrir la boca y dejar que el dentista le mirara. Varias estudiantes hablaron sobre la importancia de cepillarse los dientes. Ahí si, Raúl se mostró inquieto, pero cuando tuvo que mostrar sus dientes, no hubo problema. Se quedo quieto y abrió bien la boca. La Dra. que lo atendió se puso unos guantes desechables, cosa que llamo la atención a Raúl. Ella se dio cuenta y le regaló un guante que el inmediatamente se lo puso hasta que terminó la consulta. La doctora le dijo;-yo te doy el guante y me mostrás tus dientes. Inmediatamente abrió la boca y se dejo examinar. Antes de salir de la pieza, devolvió el guante. Para el siguiente nos atendieron rápido, le revisaron los pies cosa que no le causó mucha gracia. Protestó pero permitió que le sacaran las medias, y le miraran los pies.
Seguidamente tuvimos que formar fila para el exámen cardiovascular que consistía en tres pasos: electrocardiograma, medida de signos vitales en reposo, y ergometría. Aquí pensé:-Esto no creo que acepte, pero vamos a probar. Si se resiste con violencia suspendemos y a otra cosa.
Como había mucha gente esperando, mi acompañante lo llevó a jugar en un trepador que había en el patio del colegio y yo me quedé en la fila. Cuando llegó su turno los llamé y entramos en la sala. Pero antes, le habíamos explicado en que consistía un electrocardiograma, por si acaso entendiera algo y para que no se asustara. Además, le dije:-Si te portás bien adentro, cuando salgamos te voy a conseguir una rica empanada. Al entrar lo primero que se fijó fue en otro joven a quién le estaban haciendo el ECG, y pareció imperturbable. Aquí conviene acotar que el Dr. que lo atendió era muy paciente y le hablaba constantemente en tono afable y tranquilizador. Se dejo tomar la presión, auscultar, medir peso y altura, y después el mismo se dirigió al lugar del ECG. Parecía hasta divertido, se reía cuando lo preparaban, y se quedó bien quietito cuando el Dr. le pidió. Estuvo espectacular, tuvimos que aplaudir vigorosamente al terminar esta sesión. De ahí fuimos a la ergometría, donde esperamos mucho tiempo. El trepador estaba al lado y solo cuando se acercó el turno lo llamé para que se sentara. Nuevamente, y en forma muy concisa, le explicamos lo que era el examen. Entró lo mas sonriente, hizo todo lo que le pidieron, hasta los 5 min. en bicicleta, y salió relajado y felíz. Éxito total. Todavía faltaban dos chequeos, ya nos estábamos cansando. En el área de nutrición se sentó a mi lado mientras contestaba preguntas. Todo bien. Fisioterapia quedó para el final. Ahí ya no colaboró debido al cansancio y la disposición del área, un salón grande con mucha gente, ruido y confusión. Las personas comprendieron que no podrían hacerle el examen en ese momento, conteste preguntas y salimos rápidamente del lugar.
Por fin solo quedaba retirar un regalito que le daban, y que realmente merecía, y ponerse la vacuna contra la influenza. Desde luego Raúl se resistió, pero logramos que se pusiera. Y, ahora a comprar la merecida empanada!. Estuvimos tres horas en ese local, y la verdad es que salí felíz y sorprendida de todo lo que Raúlito demostró que puede hacer. Tanto él como yo, salimos tranquilos y satisfechos”.
Seguidamente tuvimos que formar fila para el exámen cardiovascular que consistía en tres pasos: electrocardiograma, medida de signos vitales en reposo, y ergometría. Aquí pensé:-Esto no creo que acepte, pero vamos a probar. Si se resiste con violencia suspendemos y a otra cosa.
Como había mucha gente esperando, mi acompañante lo llevó a jugar en un trepador que había en el patio del colegio y yo me quedé en la fila. Cuando llegó su turno los llamé y entramos en la sala. Pero antes, le habíamos explicado en que consistía un electrocardiograma, por si acaso entendiera algo y para que no se asustara. Además, le dije:-Si te portás bien adentro, cuando salgamos te voy a conseguir una rica empanada. Al entrar lo primero que se fijó fue en otro joven a quién le estaban haciendo el ECG, y pareció imperturbable. Aquí conviene acotar que el Dr. que lo atendió era muy paciente y le hablaba constantemente en tono afable y tranquilizador. Se dejo tomar la presión, auscultar, medir peso y altura, y después el mismo se dirigió al lugar del ECG. Parecía hasta divertido, se reía cuando lo preparaban, y se quedó bien quietito cuando el Dr. le pidió. Estuvo espectacular, tuvimos que aplaudir vigorosamente al terminar esta sesión. De ahí fuimos a la ergometría, donde esperamos mucho tiempo. El trepador estaba al lado y solo cuando se acercó el turno lo llamé para que se sentara. Nuevamente, y en forma muy concisa, le explicamos lo que era el examen. Entró lo mas sonriente, hizo todo lo que le pidieron, hasta los 5 min. en bicicleta, y salió relajado y felíz. Éxito total. Todavía faltaban dos chequeos, ya nos estábamos cansando. En el área de nutrición se sentó a mi lado mientras contestaba preguntas. Todo bien. Fisioterapia quedó para el final. Ahí ya no colaboró debido al cansancio y la disposición del área, un salón grande con mucha gente, ruido y confusión. Las personas comprendieron que no podrían hacerle el examen en ese momento, conteste preguntas y salimos rápidamente del lugar.
Por fin solo quedaba retirar un regalito que le daban, y que realmente merecía, y ponerse la vacuna contra la influenza. Desde luego Raúl se resistió, pero logramos que se pusiera. Y, ahora a comprar la merecida empanada!. Estuvimos tres horas en ese local, y la verdad es que salí felíz y sorprendida de todo lo que Raúlito demostró que puede hacer. Tanto él como yo, salimos tranquilos y satisfechos”.