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PDP

"Que gran desafío... Vivir experiencias, procesos, adquirir confianza, expresar emociones, conocer criterios. ¡Que gran desafío construir mi propio camino de crecimiento personal!"

¿Qué es PDP?

El Programa de Desarrollo Psicosocial acompaña el proceso de adquisición e implementación de las habilidades para lograr un equilibrio entre los factores que hacen al entorno de personas con capacidades diferentes.
El PDP pone énfasis en el trabajo de las habilidades conductuales, sociales y adaptativas asi como el entrenamiento funcional para la vida práctica, la autonomía personal y la autogestión


Quienes somos

Somos dos psicologos y terapeutas conductuales, Carmen Ruiz Diana y Rodrigo Julio Peralta, con gran experiencia en la educación y tratamiento de niños, jóvenes y adultos con diversidad funcional, Síndrome de Down, trastornos del espectro autista, TGD, TDAH, trastornos conductuales y emocionales.

Nuestro objetivo y propósito con este blog es dar a conocer y compartir desde la práctica nuestras ideas y experiencias vivenciales, las cuales nos motivan a realizar nuestro programa.

En caso de necesitar información sobre nuestro trabajo en mi perfil obtendrán nuestro correo electrónico, gustosos responderemos. Gracias


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ALGUNAS ESTRATEGIAS PARA SUPERAR EL COMPORTAMIENTO DIFÍCIL

viernes, 29 de noviembre de 2013


Crianza de niños jóvenes con problemas de conducta

Algunos niños presentan desafíos especiales para padres. A menudo los etiquetamos "difíciles" o "rebeldes" o "malos". Estos niños no tienen la intención de tratar mal a sus padres, sino que nacen con un temperamento difícil.
Desafortunadamente, la mayoría de los niños con problemas de comportamiento provocan reacciones negativas de los adultos. Estas reacciones tienden a hacer que el comportamiento del niño sea peor, a partir de un patrón nocivo que puede continuar durante toda la vida del niño (Mandal, Olmi, Edwards, Tingstrom, y Benoit, 2000).
Reacciones constructivas, por otro lado, pueden ayudar a los niños a mejorar el comportamiento difícil. Con la ayuda de los investigadores que han estudiado a los niños con comportamientos difíciles, los padres de los niños difíciles pueden aprender a interactuar constructivamente con sus hijos (Forehand y Larga 2002).
 
Temperamento, Padres, y el comportamiento: un ciclo continuo
 
El temperamento de un niño, o las tendencias de comportamiento, es un rasgo innato. Los investigadores Forehand y Long (2002) creen que los problemas de temperamento pueden crear un círculo negativo entre padres e hijos. Un niño con un temperamento difícil se comporta mal, y a su vez sus padres reaccionan con disciplinas ineficaces o incoherentes. Este ciclo tiene que ser roto (Forehand y Long, 2002). A continuación se presentan los hábitos de crianza de los hijos que pueden contribuir positiva o negativamente a este ciclo.
  • Modelado. "Modelado" es aprender observando a otros. Los niños tienden a hacer lo que ven en los demás. Si los padres o los hermanos  modelan mal comportamiento, el niño es probable que se comporten mal de la misma manera.
  • Refuerzo. El  "Refuerzo" está recompensando a un niño por su comportamiento. A veces el comportamiento inaceptable se refuerza involuntariamente. Por ejemplo, los padres a veces se ríen de una mala palabra que su hijo dijo porque parecía lindo o divertido. Pero la risa tiende a reforzar un comportamiento.
  • Castigo. Es fácil castigar a un niño por la ira, pero esta reacción hace más daño que bien. Castigo severo o usar el castigo demasiado a menudo puede crear sentimientos de resentimiento en el niño. También le enseña a obedecer sólo para evitar el castigo en lugar de obedecer, porque entiende el bien del mal (Forehand y Long, 2002).
  • Intensificación recíproca. Esto ocurre cuando los padres se vuelven agresivos hacia su hijo porque el niño se comportó agresivamente. Intensificación recíproca tiende a hacer una mala situación peor (Omer, 2001).
  • Escalada complementaria. Esto ocurre cuando los padres ceden a las exigencias de un niño (Omer, 2001). En lugar de responder de manera apropiada a la conducta agresiva, los padres ignoran lo que puede evitar el conflicto. Por lo general, cuanto más los padres ceden a las demandas de un niño, más exigente y demandante se pondra  el niño (Omer, 2001).
Estrategias para la superación del Comportamiento Difícil
 
Expertos en desarrollo infantil sugieren un método de cinco pasos que los padres pueden utilizar para ayudar a un niño a mejorar el comportamiento difícil. Los pasos se construyen el uno del otro, por lo que cada uno es importante. 

1. Estar atento, asistir
Asistir es simplemente reforzar el comportamiento deseado, describiendo en voz alta con entusiasmo (Forehand y McMahon, 2003), como por ej: "Mira lo alto que estás acumulando tus bloques!". Asistir puede ser una base sólida para el cambio de comportamiento, ya que ayuda a los padres a relacionarse con sus hijos a través de la atención constante positiva. También mejora la relación padre-hijo. (Forehand y McMahon, 2003).
 2. Dar aprobación
Premiar está mostrando una aprobación niño por su buen comportamiento. Premiar no toma el lugar de asistir, sino lo complementa. Como padres describen el comportamiento apropiado de sus hijos, a veces se deben añadir las recompensas y alabanzas (Forehand y Long, 2002).
 3. Ignorar
Haciendo caso omiso de una manera muy eficaz para reducir el comportamiento inaceptable de un niño, y es mucho más fácil de usar que el castigo (McMahan y Forehand, 2003). Pero ignorar nunca debe usarse solo. En cambio, una vez que su hijo deja el comportamiento inaceptable, le recompensa inmediatamente por su comportamiento ahora aceptable (McMahan y Forehand, 2003). Ignorar también no se debe utilizar cuando el comportamiento de un niño es potencialmente peligroso para ellos mismos,  los demás o la propiedad. En su lugar, utilizar medidas más activas, como un tiempo de espera (Forehand y McMahon, 2003). Ejemplos de conductas que pueden ser ignoradas incluyen lloriquear, regañar, rabietas e interrumpir (McMahon y Forehand, 2003, p. 117).
 4. Cómo dar indicaciones
A veces los padres dan direcciones que son difíciles seguir para un niño pequeño. "La dirección en cadena", por ejemplo, es cuando un padre da varias direcciones a la vez (Forehand y Long, 2002). En su lugar, los padres deben dar una dirección a la vez. "Direcciones imprecisas" no son lo suficientemente específicas, tales como "Pórtate bien" o "Hay que ser agradable." En su lugar, los padres deben decir exactamente lo que quieren que su hijo haga, la conducta concreta.
"Direcciones Pregunta" preguntan a un niño más que decirle lo que tienen que hacer (Forehand y Long, 2002). Por ejemplo, "Por favor, podes dejar de saltar en el sofá?" En su lugar, los padres deben entregar su solicitud en la forma de una declaración: "Por favor, deja de saltar en el sofá."
Por último, las direcciones son ineficaces cuando son seguidas por una razón. Por ejemplo, "Recoge tus juguetes porque la abuela va a venir, y que sería bueno si la casa estaba limpia cuando llegue aquí." En su lugar, los padres deben asegurarse  que la dirección es la última cosa que un niño escucha. Por ejemplo, "La tía Laura viene y  sería agradable si la casa esta limpia. Así que por favor recoje tus juguetes." (Forehand y Long, 2002).
 5. Con tiempos de espera
Se necesita tiempo para ayudar al niño a cambiar el comportamiento difícil. Incluso si usted está usando todas las técnicas adecuadas en todas las formas adecuadas, su hijo puede seguir comportándose mal, sobre todo en las primeras etapas de la utilización de un nuevo enfoque. Los tiempos de espera son una consecuencia útil en caso de incumplimiento, en especial cuando se usan consistentemente (Forehand y Long, 2002).
La promoción de cambios en un ambiente positivo
Ayudar a un niño a cambiar no es fácil, puede ser más fácil y más efectivo cuando él o ella tienen un ambiente positivo. Los padres pueden hacer muchas cosas para que el entorno de su hogar sea más positivo. Forehand y Long (2002) sugieren la siguiente:
  • Diviértase con su hijo.
  • Comuniquele "te amo" a menudo.
  • Tenga la estructura y las rutinas.
  • Participe en las tradiciones y rituales familiares.
  • Sea un buen oyente.
  • Solicite retroalimentación de su hijo y tomar turnos para hablar.
  • Trabaje sobre el desarrollo de la paciencia.
  • Construya la autoestima de su hijo.
  • Ayude a su niño a resolver problemas con sus compañeros.
Conclusión
Ayudar a su hijo de carácter fuerte a cambiar su comportamiento no es fácil, pero es muy importante. El progreso puede venir lentamente. Se requiere mucho tiempo y paciencia, y, a veces usted puede sentir como si su comportamiento no mejora. Cuando usted se sienta desanimado, puede ser fácil caer en viejos hábitos de disciplina, pero es importante que se mantenga constante en sus esfuerzos. Si lo hace, es muy probable que ayude a su hijo a mejorar su comportamiento y que fortalecerá su relación con él (McMahan y Forehand, 2003).
 
Escrito por McKenzie Young, Asistente de Investigación y editado por Stephen F. Duncan, profesor de la Escuela de la Vida Familiar, la Universidad Brigham Young

Fuente: http://foreverfamilies.byu.edu/article.aspx?a=54
Imagen: Google

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TODO UN TEMA, EL TIEMPO EN LA ESCUELA

jueves, 7 de marzo de 2013



 


Este artículo habla de los vicios del sistema educativo cuestionando qué es lo que realmente hacen  los alumnos durante las horas de clases y cuánto tiempo dedican a aprender


El tiempo en la escuela
Por Micaela Urdinez  | LA NACION


"Abrir libros de lectura, subrayar manuales, rendir exámenes, dar lecciones orales, descansar en los recreos, charlas con amigos, discutir con el profesor, chatear en clase, copiar ejercicios del pizarrón, adquirir nuevos conocimientos: un día promedio de clase en cualquier escuela del país. Pero, ¿cuánto efectivamente aprenden los alumnos?¿A qué dedican las horas mientras están en la escuela? En un año lectivo en el que desde el Gobierno van a hacer énfasis en la extensión de la jornada escolar, vale la pena preguntare cuáles son los vicios del sistema escolar que hacen que los chicos pierdan gran parte de su valioso tiempo destinado a la educación y a su desarrollo humano.

Porque cada alumno es distinto - tiene diferentes capacidades e inclinaciones, procede de medios y familias dispares - la escuela se enfrenta al enorme desafío de encontrar la manera de que todos aprendan las mismas cosas en un mismo tiempo.

"La escuela va más lento que un caracol o tortuga", espeta un estudiante secundario de una escuela pública en el libro Jóvenes que miran la escuela de Cimientos, haciendo alusión a la repetición de contenidos, actividades y explicaciones pero también porque la continuidad en el tiempo se ve interrumpida por muchos días sin clases producto de la ausencia de los alumnos, de los docentes, de los paros, de los feriados y de problemas edilicios. De hecho, el conflicto salarial docente ya retrasó el inicio de un ciclo lectivo que prometió 190 días de clases, y cuesta creer pueda cumplir con su palabra.

Porque lo primero que necesitan los alumnos para poder aprender es contar con días efectivos de clases (y no que estén condicionados por trasfondos políticos), con una infraestructura básica, con docentes que asistan a clases.  Después se puede poner el foco en si la manera en la que enseñan los docentes es la adecuada y la más eficiente.

 Todos los especialistas señalan que es fundamental que los chicos tengan tiempo para descansar y divertirse durante los recreos. 

"El gran fracaso de la educación formal es no poder mantener el interés por aprender que tiene un chico desde su nacimiento. Los traemos al colegio y después no quieren saber nada más con aprender", explica Federico  Johansen, vicedirector general del Belgrano Day School, institución bilingüe de doble turno, que alberga a 1200 alumnos desde jardín a secundaria. Según su vasta experiencia en colegios con diferentes perfiles de alumnos y recursos, se pierde el tiempo en "las infinitas horas libres, en los docentes taxi que aprovechan la hora de clase para corregir lo que tienen de otras escuelas y mandan a los chicos a leer del manual, cuando se toma lección oral a un alumno mientras los demás miran, cuando se les pide que aprendan demasiadas cosas de memoria, cuando tienen que copiar toda la clase del pizarrón. Todavía hay muchos docentes que hoy siguen enseñando así".

El tiempo escolar no es continuo y monótono, como el del reloj. Es un devenir que tiene otras lógicas y sus minutos parecieran poder estirarse para tener más duración o encogerse para seguir sucediéndose sin sentido. Porque en la escuela, el tiempo que interesa es en el que sucede algo, aquel en que el alumno aprende y el profesor enseña. Pero este aprender no tiene que ver sólo con los contenidos pedagógicos, sino también con los hábitos, los valores, sus habilidades relacionales y su autoestima.

"El tiempo  en la escuela es utilizado para distintas actividades y rutinas que conforman la vida de la escuela. Entre estas rutinas podemos nombrar el formar filas, los rituales escolares de entrada y de salida que muchas escuelas llevan a cabo, el destinarle tiempos a temas que surgen no planificados pero relevantes como una charla sobre un acontecimiento que involucra a los alumnos y que vale la pena abordarlo, a los recreos. También se destina tiempo al establecimiento de un clima de clase apto para la enseñanza -tiempo que resta a otros más sustantivos -. Otros se destinan a brindar los servicios de desayunos, comedor o meriendas. Pero, el mayor tiempo de la escuela, se lo lleva el proceso educativo en sentido estricto, el tiempo destinado a enseñar. Este tiempo suele ponderarse entre dos horas y media a tres por día. Es posible que un uso del tiempo más efectivo y climas favorables, incrementen las horas destinadas al proceso educativo", explica Elena Duro, especialista de Unicef Argentina".


Leer artículo completo y otros enlaces en LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/1558831-el-tiempo-en-la-escuela?utm_source=n_tip_nota2&utm_medium=titularP&utm_campaign=NLComu


Alumnos de primaria caminan por los pasillos del Belgrano Day School. Foto: Ricardo Pristupluk

Publicado por Programa de Desarrollo Psicosocial 2 comentarios  

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CONSIDERACIONES ACERCA DE LA AGRESIVIDAD EN EL TDAH

jueves, 21 de junio de 2012


Algunos  niños con TDAH presentan un alto nivel de conductas impulsivas lo cual hace que les cueste mucho adecuarse a las normas, y más aun si a esto se suma los comportamientos negativistas y desafiantes. Es bastante difícil lograr que obedezcan. Con ese gran repertorio, de tantas y variadas conductas desorganizadas e inadecuadas  aparecen inevitablemente los problemas de comportamiento que afectan el relacionamiento a nivel escolar, familiar y social. Además, la desorganización del pensamiento, y en algunos una gran rigidez mental, la falta de una adecuada comunicación y la baja tolerancia a la frustración hace que  los niños con TDAH sean en tendencia bastante agresivos al tratar de solucionar sus problemas, mostrando una falta de empatia social con los demás. Si se trabaja adecuadamente en  los programas de habilidades sociales y emocionales se puede bajar considerablemente su nivel de agresión. Entrenamientos en autoinstrucciones, retroalimentación, refuerzo y moldeamiento conductual para  adquisición de destrezas sociales y  resolución de problemas pueden llegar a ser muy eficaces. A continuación algunas consideraciones respecto a la agresividad.

LA AGRESIVIDAD EN PSICOPATOLOGÍA
"Definimos la agresividad como:
a) conducta intencionadamente dirigida a provocar lesión o destrucción de un objetivo (persona, animal u objeto)
b) agresiones físicas o verbales contra los demás (amenazas, empujones, dirigirse a los demás con insultos o gritos,...)
c) agresiones contra objetos (romper o tirar objetos al suelo, dar portazos,...) d) y auto agresiones (golpearse la cabeza, arañarse, hacerse pequeños cortes,...)
Todas estas definiciones pueden formar una posible clasificación del comportamiento agresivo. Actualmente y siguiendo la clasificación estadística de los trastornos mentales de la academia americana de psiquiatría (DSM-IV, TR 2000), éste comportamiento no se considera por sí mismo una entidad patológica si no que forma parte del conjunto de síntomas de numerosos trastornos tales como el trastorno disocial, el autismo, el retraso mental o el trastorno por déficit de atención con hiperactividad.
Causas de la agresividad
Las diversas teorías que intentan explicar la agresividad se dividen fundamentalmente en activas y reactivas.
Las activas o teorías biológicas, subrayan el origen interno de la agresión, entendida cómo innata y consustancial a la especie humana.
Las reactivas explican los mecanismos ambientales que facilitan y mantienen el comportamiento agresivo, destacando entre ellas la teoría el aprendizaje social.
Desde el punto de vista de la teoría del aprendizaje social, el comportamiento agresivo se da ante una situación conflictiva que ha provocado un sentimiento de frustración en el niño. El tipo de reacción que tendrá el niño dependerá de cómo haya aprendido a reaccionar ante esa situación conflictiva. Es decir que dependerá de su experiencia previa.
Los procesos por los cuales ha aprendido a comportarse de manera agresiva son el modelamiento y el reforzamiento (básicamente la observación por parte del niño de modelos que respondan agresivamente a las situaciones conflictivas). Estos procesos actuarían a su vez cómo mecanismos mantenedores de dichos comportamientos.
La agresividad en el TDAH
Los niños con TDAH presentan frecuentemente: comportamientos inadecuados, mayor dificultad para aceptar límites, necesidad de obtener recompensas de forma inmediata o en menor frecuencia pero de mayor gravedad el trastorno negativista desafiante (negarse a obedecer y desafiar constantemente a las figuras de autoridad). Estos aspectos puede llevar más adelante a un trastorno grave de conducta.
La coexistencia de ambos cuadros (TDAH y Negativismo Desafiante) es muy frecuente y se considera que probablemente la impulsividad es el factor que favorece la unión de los dos trastornos.
Los niños predominantemente inatentos no muestran este tipo de conducta, por tanto un factor asociado de mayor riesgo de comportamiento agresivo, será presentar el subtipo predominantemente hiperactivo impulsivo o subtipo combinado (clasificación del TDAH según DSM-IV). En estos casos la impulsividad impide que el niño analice la situación conflictiva en la que se encuentra utilizando mediadores racionales o cognitivos y que no intente formular las reglas de comportamiento que le ayudarían a controlarse en esa situación.
Paralelamente al déficit en habilidades de mediación verbal o auto instrucciones en muchos de éstos niños hay un déficit en el aprendizaje de las habilidades sociales adecuadas para afrontar las relaciones interpersonales con respuestas no agresivas.
Por último cabe relacionar el comportamiento agresivo del niño TDAH con una frágil autoestima; paradójicamente a lo que puede parecer su actitud arrogante, tras ésta subyace una opinión muy pobre de sí mismo, tal y como refleja su incapacidad para aceptar el fracaso o la crítica.
Al llegar a la adolescencia, el comportamiento agresivo puede intensificarse. Los cambios físicos y emocionales a los que debe enfrentarse cualquier niño al llegar a ésta edad, pueden significar un grado de complicación que desemboque en graves crisis para el adolescente con TDAH y su entorno.
La detección e intervención precoz son aspectos especialmente importantes en el caso de niños hiperactivos que presenten negativismo y conducta desafiante y determinaran la evolución de ambos cuadros.
El tratamiento debe contemplar la intervención médica, psicológica (tratamiento cognitivoconductual) y pedagógica, implicando a la familia, el colegio y al propio niño en el proceso."

Artículo de Sonia Tello Yeves Psicóloga Infanto-Juvenil de Fundación Adana
Imagen: Google

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UN MODELO DE CRIANZA A DESTERRAR

martes, 18 de octubre de 2011

En el Congreso Latinoamericano de Primera Infancia realizado el pasado julio en Bs.As. los especialistas coincidieron en la necesidad que los padres pongan límites claros a los niños pequeños. El artículo es de Tesy De Biase y se llama "Su majestad, el bebe": un modelo de crianza a desterrar" Este es el artículo:

¿Gratificar o frustrar? He ahí una controvertida cuestión que atraviesa a sucesivas generaciones de padres. "Un buen padre es capaz de gratificar y frustrar", dictamina Miri Keren, psiquiatra infantil de la Universidad de Tel Aviv, Israel, en su visita a la ciudad de Buenos Aires para participar del Congreso Latinoamericano de Primera Infancia. Pero admite que la vertiente de la frustración es la más fallida.
"Durante años en Israel se sostuvo la tendencia a gratificar a los niños, sin decirles que no para evitar el llanto. Y hoy vemos que cuando cumplen dos años o dos y medio los padres quieren instalar el no, pero los niños se rebelan, como diciendo ¿por qué prohibir lo que antes estaba permitido?"
Este modelo laxo de educación también se expresa en el tiempo de amamantamiento. "Es bueno amamantar, pero debes detenerlo en algún momento, y hoy encuentras niños de dos años que en cualquier momento que sienten hambre le levantan la ropa a la madre y toman la teta. Porque las madres no dicen que no. No le dicen que no al amamantamiento y no se lo dicen a subirse arriba de la mesa", se queja Keren.
"Gratificar demasiado no es bueno." Y apuesta al fin de la era de su majestad el bebe. "Es demasiado para el primer bebe cuando los padres ponen todas sus necesidades de lado y se centran en las necesidades del hijo. Por un año o dos puede estar bien, pero después empiezan a sentirse frustrados y encuentran dificultades para construir un nuevo equilibrio entre sus propias necesidades y las del niño.
Antoine Guedeney, psiquiatra francés y presidente de la Asociación Mundial de Salud Mental, co-organizadora del citado congreso, se opone a un concepto del pediatra y psicoanalista inglés Donald Winnicott, con vigencia durante décadas: la preocupación maternal primaria, entendida como una capacidad innata de las mujeres a adaptarse masivamente a las necesidades del hijo en los meses posteriores al nacimiento.
"No creo que sea necesario para un sano desarrollo del bebe que la madre tenga esta especie de estado «alcohólico» para entender qué es lo que está sucediendo en la mente de su hijo. Es más, pienso que es intrusivo", afirma Guedeney.
El arte del equilibrio
Una vez cubiertas las necesidades básicas, "no es tanto lo que necesitan los niños", alienta Guedeney: "amor, protección y ordenamiento". Pero recalca la doble vertiente de la función paterna: "también es necesario darles la posibilidad de explorar, hacer su propia experiencia cometiendo errores para que puedan desarrollar confianza en sí mismos; sentirse libres para aprender, jugar y estar con otros solos sin supervisión adulta, sin nuestra ayuda. Cuando ayudamos demasiado no los ayudamos para nada".
Ambos profesionales comparten la imposibilidad de sostener un modelo de paternidad perfeccionista y ajeno a las múltiples e inevitables equivocaciones. "Ser un buen padre no significa no cometer errores o no tener momentos de falla de la empatía con el hijo. El punto principal es tener la capacidad de reparar", dice Mirr.
Y Guedeney refuerza: "Es importante desarrollar la sensibilidad suficiente como para ver la respuesta del niño a un error y cambiar lo que sea necesario cambiar. No necesitás ser extremadamente inteligente ni excepcional para ser una buena madre, basta con ofrecer protección y amor. Porque el bebe, el bebe normal, promedio, hace el resto del trabajo".
Para que todo el engranaje familiar circule en un territorio de salud destaca una variable clave: la parentalidad coordinada. Estén o no en pareja los padres, la mejor opción para los hijos es que los padres tomen decisiones de forma compartida y transmitan las reglas a los hijos en conjunto. "Cuando los chicos quedan atrapados en medio de bombardeos entre padres en conflicto sienten miedo a ser abandonados y, como ellos piensan en sí mismos, se dicen «es mi culpa»."
El psicoanalista reconoce que cada vez son más los padres que, tras el divorcio, son capaces de sobrevolar sus propios conflictos para sostener una buena coparentalidad. Variable positiva, destacable en el marco de un modelo de paternidad laxa con falta de límites, que según Guedeney está instalado "en los grupos medios de Israel, Estados Unidos y Europa".
VIDEO EN EL CONSULTORIO
Las nuevas tecnologías se instalaron en la psicoterapia y los psiquiatras infantiles Miri Keren y Antoine Guedeney usan videos en el consultorio. Con el consentimiento de los padres, la familia es registrada en video durante distintas interacciones de juego. Las imágenes facilitan la observación y reconocimiento de los comportamientos conflictivos. "El modelo ya no es del terapeuta haciendo su sabio diagnóstico -opina Guedeney-. Se está moviendo hacia un trabajo compartido. La propuesta es trabajar cooperativamente y el video es una excelente herramienta para alcanzar esa cooperación."

Fuente e imagen: LA NACION

Publicado por Programa de Desarrollo Psicosocial 4 comentarios  

Etiquetas: Artículos, Conducta, Educación, Familia, Límites

PAUTAS PARA APOYAR EN EL AULA A ALUMNOS/AS CON TDAH Y TDA

martes, 15 de marzo de 2011

Empezaron las clases, es de mucha importancia organizar adecuadamente el abordaje del trabajo e intervenciones con los niños/as TDAH. Existen pautas y estrategias que acompañadas de herramientas adecuadas pueden ser muy útiles para mejorar el desempeño escolar y socio emocional de los niños y niñas y prevenir dificultades en relación a maestros/as y compañeros/as. Estas consideraciones pueden ser de utilidad.
- El aula tiene que estar bien estructurada no solo física sino también emocionalmente. Además de una organización del medio ambiente son necesarias la: contención, orientaciones y límites claros para lo cual se deben marcar bien las rutinas y afirmar las normas. El clima debe ser acogedor, respetuoso, y reforzar lo emocional y afectivo a través de conversaciones y reflexiones.
- Toda regla o instrucción debe ser clara, concisa. Si utilizamos palabras precisas y hacemos que la repitan, podremos asegurarnos que focalizaron y comprendieron las propuestas planteadas y siempre en lo posible, deben presentarse en forma de fichas, listados, tarjetas u otros recordatorios visuales. No podemos confiar solamente en la memoria del niño/a o en los recordatorios verbales. Tenemos que lograr que el niño o niña repita las instrucciones en voz alta o incluso a repetírselas en voz baja a sí mismo mientras cumple con la tarea.
- Proporcionar numerosas señales visuales y mensajes para las rutinas, las expectativas y objetivos de conducta, los procedimientos, las transiciones. Tener un horario visual de las actividades y la rutina, y sin referirnos a él con frecuencia señalar los cambios que deben ocurrir. Recurrir a colores, separadores, autoadhesivos para ayudar a recordar la información y tareas. Y el uso de una agenda y calendario para visualizar compromisos, deberes y responsabilidades.
- Es muy importante hacer un esfuerzo para cambiar y reorientar el foco de la atención brindada a los alumnos/as desde lo positivo. Los alumnos/as con TDAH suelen tener una historia de reforzamiento basada en la recepción de gran cantidad de atención negativa y retroalimentación correctiva de los maestros/as, además de una respuesta (a veces con una carga emocional).
- Reconocer y utilizar el refuerzo positivo cuando el alumno/a demuestra dominio de sí mismo/a. De la misma manera y paralelamente debemos aumentar en gran medida las interacciones positivas dando atención al niño/a cuando él o ella presentan conductas apropiadas. Ejemplo; si antes de alzar la mano antes de hablar, estaba sentado y atendiendo a la tarea, si sale al receso sin correr, pregunta sin alzar la voz entre otras.
- Aumentar la inmediatez y la frecuencia de retroalimentación positiva y aliento. El reforzamiento debe ser contingente y consecuente con la conducta presentada, recordemos que los/as niños/as con TDAH suelen tener un gran repertorio de conductas, Esto dificulta el reforzamiento acertado y el niño/a puede no discriminar.
- Ser pro activo/a en tratar de identificar y modificar las condiciones del entorno (antecedentes y consecuencias). Sería bueno manejar como determinar cuáles son las funciones de los comportamientos del alumno/a (por ejemplo, el escape / evitación de algo desagradable, el acceso a la actividad deseada o un objeto), y lo que puede ser el antecedente / activación de los comportamientos problemáticos.
- Atender a las señales de advertencia de la sobre estimulación y exitación del niño/a (molestia, frustración, nervios, inquietud, o inicio de pérdida del control) para intervenir a tiempo, desviar y redirigir ( ejemplo, enviarlo fuera de la habitación a hacer un recado). Proporcionar pistas / señalización, cambiar la actividad, prestar apoyo directo, emplear técnicas de relajación o intervención en crisis, y recordar las recompensas y consecuencias. Proveer a los niños/as un tiempo y un medio para reagruparse, recuperar el control, y evitar la escalada de comportamientos.
- A menudo es útil proporcionar un área para que un alumno/a puede acceder brevemente como medida preventiva (no punitiva) una medida antes de que el comportamiento llegue a un nivel superior. Este tipo de zona (" una zona de descanso, de pensar”) un lugar que el alumno lo identifique como tal. Si no se puede equipar con elementos relajantes basta con una silla.
- Enseñar habilidades sociales y estrategias para el autocontrol de la ira y la impulsividad para la relajación, resolución de conflictos, aumento de tolerancia a la frustración, resolución de problemas además de la fijación de objetivos, y auto-gestión de otras habilidades para la vida. Practicar estas estrategias con frecuencia. Hablar y modelar su uso en diferentes situaciones o contextos. Usar la racionalización, decirle lo que es y no es correcto dando siempre la razón.
- Las intervenciones para modificar y abordar aspectos del medio ambiente son algunos de los mejores apoyos. Algunos ejemplos son: el cambio de asientos y la distancia entre ciertos niños y / o áreas de sobre estimulación y distracción. Definir y suministrar claramente las zonas más favorables de la sala y el espacio personal. Tener en cuenta el aspecto auditivo y señales visuales para las transiciones. Ver asientos para el fácil acceso a la asistencia y seguimiento; amortiguación contra el ruido excesivo, el acceso a opciones de lugar y otras herramientas como mesa individual, zona segura, tableros individuales.
- Los niños/as con TDAH, presentan dificultad para automatizarse y generalizar por lo que es necesario que constantemente se le motiven y refuercen cada uno de sus logros. Puede ser a través de: felicitaciones, premios, cariño, salir a algún lugar en especial. Muchas veces los niños/as son más capaces de permanecer sentados, prestar atención, y controlar el comportamiento cuando se les permite realizar garabatos / dibujar (no en el cuaderno)/ sostener objetos y usar el tacto y sus manos mientras escuchan. Los niños/as con este trastorno son menos sensibles al elogio social y a las reprimendas. En consecuencia, para controlar la buena o mala conducta de estos niños/as se necesitarán refuerzos más poderosos que aquellos destinados a otros niños/as. Para que el chico/a siga siendo obediente, habrá que proporcionarle frecuentemente refuerzos para respetar las normas.
- Los premios e incentivos deben siempre aplicarse antes que cualquier castigo, sino, el alumno percibirá la escuela como el lugar donde es más probable recibir castigos que premios. Después de poner en marcha un programa de refuerzos, esperemos una semana o dos para empezar con los intervenciones más fuertes. Tanto los premios como consecuencias ( a modo de castigo) deben estar bien organizados, sistematizados y planificados.
- Es posible conseguir que un sistema de puntos sea eficaz durante todo el año sin perder poder, si se cambian con frecuencia las recompensas. Los niños/as con TDAH se aburren más rápido que otros de determinados premios. Cuando el maestro/a no reconoce este hecho, puede creer que el programa ha dejado de funcionar y abandonarlo.
- Configurar listados de comportamiento o contratos escritos centrados específicamente en la mejora de una o dos conductas que son importantes para que el alumno/a tenga éxito en la clase, como el aumento en la tarea, algún comportamiento como levantar la mano para hablar en vez de gritar por ejemplo. Establecer metas con los alumnos/as que sean razonables y al alcance del éxito, y los refuerzos que sean claramente suficientes para motivar a los niños y niñas a mantener el esfuerzo para lograr el objetivo.
- Enseñanzas creativas, interactivas e interesantes como utilizar medios audiovisuales. Trabajar a partir del juego, trabajar con fichas, tarjetas. Estructurar en numerosas oportunidades actividades para el movimiento dentro de la clase (estiramiento, dinámicas, juegos para descansar el cerebro).
- Construir prácticas de auto-monitoreo en el plan de estudios y de rutina, tales como: evaluación de los trabajos (retroalimentación / guías de auto-evaluación del trabajo de acuerdo a lo específico) criterios de organización (listados de control, estoy preparado y organizado?) , del comportamiento de autocontrol (¿Cómo hago? ¿Estaba bien realizada la tarea? Qué esta mal?). Este trabajo tiene que llevarse a cabo con el profesional externo para ser más efectivo.
- Recurrir a la adaptación curricular con flexibilidad, compromiso y voluntad. Plantear las actividades con varios niveles de dificultad. Las estrategias como el trabajo individual, uno a uno, ante estímulos novedosos, y llevada a cabo por una figura significativa de autoridad, es muy beneficioso.
- Hacer el trabajo con fines a lograr la independencia y seguridad apropiada al desarrollo del niño o niña y dentro de la capacidad del mismo, promover la realización a través del éxito sin asistencia, autonomía, y facilitar el acceso de asistencia, según sea necesario.
- Estimular y/o desarrollar la memoria de trabajo y evocación (habilidad para retener información en la mente mientras se procesa y manipula dicha información), ya que para ellos es una labor demasiado compleja. Se puede desarrollar a través de acrónimos o acrósticos, clasificar y dividir, utilización de conceptos imaginarios (mapas mentales, imágenes, fotos funcionales).
- Un antecedente común de la mala conducta entre los alumnos/as con TDAH es que el trabajo ofrecido sea tedioso o aburrido y no capta su interés y atención, el niño/a no tiene elección y lo percibe como irrelevante y sin importancia. Los alumnos/as en general presentan un mínimo de problemas de comportamiento durante las clases y actividades que son interesantes, mantienen una participación activa, al incorporar una variedad multi-sensorial de estrategias de participación. Los maestros/as que tienen más éxito con los alumnos/as son los que: refuerzan el ritmo de sus clases para maximizar la atención y el interés, aprovechan las necesidades de los niños/as y recurren a utilizar y mostrar sus puntos y habilidades fuertes como las sociales (trabajos de hablar con sus compañeros/as por ejemplo). Además debemos saber cómo aliviar el estrés mediante la creación de un ambiente de clase donde los alumnos/as no tengan miedo y estén dispuestos a asumir el riesgo de participación.
- Si un alumno/a está tomando medicamentos, ser muy consciente y atento de los cambios en el comportamiento y los factores como la hora del día en que él / ella está experimentando más dificultades, las quejas por el hambre, la fatiga, entre otros. Debemos registrar y comunicar nuestras observaciones o preocupaciones a los padres, directivos y al médico neurólogo.
- Es fundamental el conocimiento e información de este trastorno por parte del docente y debe involucrarse responsablementem además de capacitarse al respecto.
- Establecer una estrecha colaboración con los padres de los alumnos/as con el TDA / H. La comunicación hogar escuela es imprescindible. Ganar su confianza y fomentar y abrir las comunicaciones frecuentes, y los esfuerzos de colaboración. Crear actividades de integración, entrevistas, talleres. Es importante que los padres le den al niño/a un ambiente de cariño y estabilidad, deben tener horarios y cierta regularidad en las actividades como comer, dormir, ver televisión, realizar tareas, etc. Acordar y aunar criterios en relación al programa del niño/a, normar y proceder en consecuencia ante los problemas de conducta y otras dificultades. Por ejemplo, el uso de monitorización en casa de los modos de la escuela con refuerzos comunes suelen ser bastante útil.
- El trabajo en equipo, el apoyo multidisciplinario y la organización de la institución en relación a brindar adaptaciones, satisfacer necesidades y espacios de contención del alumno es imprescindible, el apoyo mutuo de todos, entre colegas y especialistas para encontrar modos adecuados de manejo. Los profesionales debemos mejorar nuestras habilidades de autogestión y trabajar la tolerancia.

Resumido de: "Como tratar y enseñar al niño con TDA/ TDAH" de Sandra Rief.
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BERRINCHES,CÓMO ACTUAR (3)

viernes, 12 de noviembre de 2010


Pensemos muy bien COMO ACTUAR ANTE UN BERRINCHE. Tenemos que estar seguros de cuan significativos somos antes de actuar y si hemos logrado un buen relacionamiento vincular con el niño/a. La significancia se va dando a medida que el niño/a entiende, comprende y discrimina o diferencia los gestos, actitudes, tonos, postura, consecuencias, del adulto.
1. No enfurecernos, de modo que no perdamos el control de la situación.
2. Bajarnos a la altura del niño/a o agacharnos, sentarnos y mirarle a los ojos.
3. De manera serena y segura, PEDIRLE QUE ESTE TRANQUILO. Que si quiere hablar con nosotros, debe estar tranquilo y hacerlo sin gritos y sin llorar.
4. Escuchar la petición del niño/a. Y analizar rápidamente si se le puede complacer o no.
5. Brindarle una respuesta clara de por qué si o porqué no, haremos lo que nos pide.
6. Buscar la reflexion del niño..y el darse cuenta..a traves de pautas y preguntas guiadas.
Luego de estos pasos, puede tener varios comportamientos dependiendo de nuestra respuesta:
-Aumentar la manera inadecuada de mostrar sus sentimientos, ideas o deseos.. según el refuerzo brindado por nosotros.
-Intentar el autorregularse o contenerse.
-El privilegio de darse cuenta de su conducta, y poder visualizar o decodificar las pautas adecuadas y o inadecuadas de las conductas sociales.
-Obviamente felicidad por conseguir lo que quería, si le otorgamos.
-Y también puede ser, más gritos, pataletas, llantos y enojo. Para este caso, debemos armarnos de más fuerza y ver al hijo/a como un niño/a, nunca como un adulto.
La idea es que el niño/a adquiera una manera más adecuada y adaptada para pedir lo que desea, sin la necesidad de recurrir a los berrinches, de poder expresar sus sentimientos, disgustos, enojos, de forma más correcta. Si nosotros logramos que el niño/a exprese de forma más adecuada sus sentimientos, es ya de por si más inclusivo. Tengamos claro que: No se le esta negando su deseo sino, se le esta enseñanado a que lo exprese adecuadamente
ESTRATEGIAS PARA LA AUTORREGULACIÓN
Darle la pauta que reflexione sobre la conducta que está presentando .
Es importante reconocer el nivel cognitivo del niño/a y que desde temprana edad pueda discriminar, decodificar y codificar las conductas inadecuadas e inadecuadas, por lo tanto siempre la reflexión la tiene que hacer la persona que la presenta o sea el niño/a y no el adulto. (Es un error decirle "no me gusta lo que estas haciendo" por ejemplo).
Hacerle preguntas como:
-Escuchame, vos me estás atendiendo cuando yo te hablo?
-A vos te parece que esta bien lo que estás haciendo?
-Como tenemos que estar?
-Vos estás tranquilo?
Luego evaluamos la respuesta deL niño/a, si se calla, atiende o no logra darse cuenta.
Entonces le pedimos ...
-Mirame...
-Vamos a estar tranquilos para hablar o pedir. Y utilizamos códigos comunicacionales alternativos como la postura, gestos de la mano indicando TRANQUILO, pictos con o sin tachon ( que significa No).
Y desde ahí continuamos... y se utiliza este ptrocedimiento cada vez que aparece la conducta inadecuada.
Es necesario mostrarse serio/a al decirle mirame, escuchame, atende. Y darle pautas claras y consecuencias.
La idea también es que aumente las habilidades básicas como : atención, deshinibición, seguimiento de órdenes, discriminación situacional significativa y funcionalmente.
OTRAS ESTRATEGIAS Además de usar el refuerzo positivo o negativo, en caso de que no se tranquilice, va a ser necesario que utilicemos o la extinción (ignorancia, retiro del reforzamiento) o una medida disciplinaria (pensada y elegida con criterio) como: separarlo o aislarlo de la situación (tiempo fuera) sentarlo en una silla por unos minutos y decirle que cuando se tranquilice hablaremos). Recordemos que cuando se empieza a ignorar la conducta (no al niño/a) aumenta la intensidad del berrinche, debemos ser consistentes y no declinar, a la vez debemos reforzar la conducta opuesta (refuerzo diferencial).
Otras estrategias serían sacarlo del juego, o quitarle algún juguete o video (costo de privilegios). Ahora, cualquier medida disciplinaria, debe ser por pocos minutos, el aislamiento (time fuera) implementar según la edad y se calcula 1minuto por año y no más de 5, y sólo una a la vez. Cuanto menos este aislado mejor y dependerá de si implementamos bien el procedimiento. Al decir solo una vez es para evitar usar muchas consecuencias excediéndonos en el procedimiento (castigo leve, pero castigo al fin). Por ej. Además de reprenderlo, sacarle la TV o un juego por más de un día o dejarlo en casa sin salir. Con esta actitud arbitraria en lugar de enseñarle a controlarse lo que hacemos es decirle que siga con el berrinche, que ya no tiene nada más que perder. Ellos son tan perceptivos y observadores, que saben que no vamos a poder cumplir todo lo que dijimos ( en algunos casos amenazamos).
Existen otras estrategias como el reforzamiento por actividades (Premack) o sistemas de fichas por puntos para canjear. También tableros de conducta donde se colocan pegatinas que funcionan como sistemas de refuerzo. Estas se usan para motivar y lograr interés en cambiar la conducta pero no es adecuada a todos los niños y da más resultado con mayores. Para utilizar todas estas estrategias se requiere un buen manejo de los reforzadores y programas de reforzamiento. Se deben acompañar siempre con reforzadores sociales e ir desvaneciendo.
Otra estrategia consiste en buscar conductas alternativas para sustituir el berrinche. Son conductas incompatibles, actividades, distractoras y también recordatorio, reflexiones y reformulaciones como “si no lloramos podemos jugar, pasarla bien”. Y las autoinstrucciones positivas si el niño tiene lenguaje y es mayor.
Si el berrinche se presenta fuera de casa es necesario llevarlo o sacarlo del lugar y hacer los pasos arriba descritos, si no se llega a un acuerdo, debemos decidir si terminamos la salida y regresamos a casa, claro siempre explicándole que nos vamos porque su conducta es inadecuada, por lo que no hay más paseo, aunque así nos estemos privando de algo. Y esto no pasará una sóla vez sino varias, hasta que comprenda, que él que más pierde es él.
Armémonos de paciencia y tolerancia y sobre todo de mucho amor, para que poder ayudar a los hijos/as a crecer en está área. Estrategias hay miles, pero cada una tiene ventajas y desventajas, por eso más adelante trataré de hablar de cada una de ellas en forma más extensa.





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BERRINCHES, QUÉ HACER (2)

jueves, 11 de noviembre de 2010

Sigamos con las famosas pataletas y berrinches.
Si bien los berrinches son típicos en niños/as pequeños hay algunos niños/as que hacen menos o incluso no llegan a presentarlos. Cada niño tiene su particularidad, temperamento diferente y forma de expresar sus sentimientos y de relacionarse con sus padres y madres. Algunas veces se producen por la pobre comunicación del mismo/a y o con él/ella, por desconocimiento de los padres/madres sobre su manejo o por normas muy rígidas o inadecuadas para la edad del niño/a.
Los padres, madres y personas a cargo debemos aprender a decir NO, pero este No debe ser oportuno, claro y conciso. No importa donde podamos estar, debemos ser constantes en la manera en que disciplinamos. Y la falta de una disciplina o reglas establecidas, son las que hacen que los niños y niñas traten de ser los que lleven el control de estas situaciones.
Si damos a un niño/a de 2 o 3 años lo que pide, para que se calle, es lo mismo que decirle; cuando quieras algo solo llora y lo tendrás. Pensamos que no estamos haciendo ningún daño, pero es el primer paso para que el niño/a tome control de la situación y el adulto no pase a ser una persona significativa en sus vidas.
Cuando hablamos de disciplina, que no quiere decir gritarle, agredirle, maltratarle o humillarlo en público, quiere decir que vamos a enseñarles desde la casa, en la vida cotidiana, pues estos berrinches en público, son una muestra de lo que pasa dentro de la misma.
La disciplina ideal es una disciplina con amor, paciencia y constancia. Es hablar con el niño y la niña y explicarle por qué no vamos a hacer lo que pide. Por que si decimos NO, debe haber una razón o circunstancia, y ellos están en todo su derecho de conocerla y entenderla desde sus posibilidades.
Creemos muchas veces, que no son capaces de entender las razones, por lo que nos cerramos a hablar con ellos/as, y lo que creamos es una separación en la comunicación que con el tiempo y los años puede agrandarse.
COMO ACTUAR ANTE UN BERRINCHE Lo mejor es ignorar el comportamiento del niño/a indudablemente, la conducta no reforzada tiende a extinguirse. Sin establecer contacto visual. Según el lugar donde se produzca, si es posible, dejarlo solo, que calme su enojo o llevarlo a un sitio más privado, seguro y dejar que se tranquilice. A veces es necesario la contención, tocarlo, sostenerlo y hasta alzarlo/a si vemos que va bajando el nivel.
QUE HACER Lo primero, mantener la calma, desdramatizar la situación ayuda a ver las cosas de un modo más realista. Cambiar el foco de atención, distraerlos con otra actividad. Contemplar el momento que está atravesando, suceso particular, sueño, cansancio, hambre, cambios u otro. Flexibilizar nuestras demandas cuando sus posibilidades de cumplirlas están debilitadas. Permitirles que liberen la angustia brindándole un espacio donde no puedan lastimarse ni que queden expuestos a los demás. No intentar razonar durante el berrinche. No acrecentarlo con frases y miradas culpabilizadoras, evitar expresar rabia y mirarlo/a solo si está bajo control. No dar más atención de la debida, que sea justa para evitar reforzar la conducta. Ser consistentes y consecuentes.
TENEMOS QUE EVITAR Ceder o satisfacer el capricho del niño/a, desesperarnos, perder la calma, gritar o golpear al niño/a, o darle o exigirle explicaciones.
QUE HACER DESPUES Acercarnos al niño/a afectuosamente, colocarnos a su altura, mirarlo/a a los ojos, generar contacto corporal firme y amable, escucharlo/a, validar sus sentimientos y explicarle que hay otras conductas más aceptables para expresar su ira y su frustración. No menospreciar sus sentimientos o ignorarlos: su sentimiento debe ser respetado, escuchado y puesto en palabras. Ser precisos con nuestros dichos: es importante que sepa que su conducta es inaceptable y que puede aprender de lo ocurrido. Proponerle una opción admisible para alcanzar lo que desea o para reparar su error. Cuanto más participe en hallar nuevas vías de soluciones y para enmendar sus faltas, mejores resultados. No dar demasiadas explicaciones, no dar recompensas materiales para que se calme, no pasar facturas, no sermonear.
COMO PREVENIR UN BERRINCHE Se deben fijar normas y límites claros que el niño/a conozca, así como ser consistentes y coherentes con las normas que se fijan en el hogar. Además, es fundamental conocer al niño/a, comunicarse con él, saber qué le gusta, qué le disgusta y cuándo y qué le desencadena los berrinches. ANTICIPARNOS Explicándole lo que va a pasar. Si nos comunicamos, escuchamos y enseñamos a los niños/as desde pequeños, cuando aparezcan los berrinches podremos tomar el control más fácilmente.
COMO DISMINUIR UN BERRINCHE Dándole buen ejemplo al niño/a, enseñándole a expresar sus sentimientos en forma oportuna y según situación. Reforzándole los comportamientos positivos, escuchando al niño/a, lo que dice, tratando de entender lo que no dice y lo que quiere decir. Además, cumpliéndole consistentemente lo que se le promete, sean premios o pérdidas de privilegio. Nunca amenazar o dearle promesas falsas.
SI NO DISMINUYEN Preguntémonos: si insiste… consigue lo que quiere? Las otras personas con quien convive… comparten las mismas normas? La pauta es… inestable o específica?
HASTA DONDE SON ESPERABLES LOS BERRINCHES
Hasta que el niño/a aprenda a tolerar el límite, controlarse y autorregularse, aproximadamente a los 4-5 años. A medida que crecen van desapareciendo gracias a las adquisiciones propias del proceso madurativo, aumento de la comunicación y uso de alternativas, aumento de la seguridad y confianza y la experiencia y satisfacción de resolver sus problemas.
CUANDO PREOCUPARNOS La persistencia de los berrinches puede ser un comportamiento inadecuado, y deberse a una respuesta a un ambiente inadecuado en el hogar, con malas relaciones entre los padres y con el niño, normas confusas e incoherentes o una forma de llamar la atención del niño/a. Antes de consultar con un psicólogo o terapeuta familiar tenemos que revisar el proceso de comunicación de los padres y demás adultos significativos en el proceso de crianza y educación del niño/a Debemos preocuparnos si su intensidad aumenta en vez de decrecer, cuando son muy frecuentes y continuos, si el niño/a aguanta la respiración, tiene espasmos o se desmaya, si se hace daño a si mismo/a y a los demás y si empeoran después de los 4 años.

Imagen: Foto de Raúl en PDP

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ANTE LÍMITES, BERRINCHES! (1)

viernes, 29 de octubre de 2010

Los límites hacen que el niño/a se sienta controlado, cuidado y seguro. Le da claridad sobre lo que se espera de él/ella, lo que puede hacer y hasta donde hasta puede llegar. Los necesitan para organizarce, controlarse y aprender. Algunos padres piensan que poner límites quita libertad y espontaneidad a los niños/as. No es así, los límites, bien utilizados y comunicados, ayudan a la relación de los niños/as con su familia y favorece el acercamiento. ¿Cómo manejar y brindar atención? sin que esto se convierta en sobreprotección y cómo y cuándo empezar a decir que "no" sin exponernos a los temidos berrinches son cuestionamientos muy comunes de los padres. Los berrinches por lo general tienen CARACTERÍSTICAS COMUNES, cuya intensidad depende en gran medida del grado de maduración del niño/a y de la respuesta que obtienen de sus padres al realizarlos. Si bien las rabietas y berrinches tienen por objeto llamar la atención del adulto/a, asustarlos, manipularlos, su gran objetivo es conseguir lo que quieren.
Un berrinche se da por ETAPAS, donde va creciendo la frustración, comienza con una negación y sigue intensamente el llanto, gritos, pataletas, en algunos casos con agresividad hasta llegar a hacerle daño a alguien intencionalmente, como pegar o morder y en el peor de los casos con autolesiones. El berrinche de alto grado y que se ejercita por mucho tiempo como recurso para conseguir algo, puede hacer que un niño incluso deje de respirar por algunos segundos. El disgusto y la desesperación hacen perder el control de su estado de ánimo en los niños7as y en ocasiones la explosión de emociones hace hasta que se olviden de lo que originó el berrinche. El niño/a puede tardar en volver a la normalidad luego de la frustración y quedarse sollozando, pensativo/a o triste, y luego acercarse a su madre. El niño o la niña necesitan ser contenidos y es importante hacerles sentir que a pesar de lo ocurrido los amamos. Cuanto mayor es el niño/a muestra mal humor por más tiempo. Esta transición les favorece, el sentir frustración no es perjudicial, al contrario, de ella se aprenden los límites entre lo que se puede hacer y lo que no, además de entrenarlos en la capacidad de aspirar a algo.
El berrinche va dirigido a alguien a UN CONTEXTO SOCIAL, generalmente a mamá o papá. A veces son intencionales, cuando piden algo que de antemano saben que se le dirá que no. Los niños/as no hacen berrinches solos en su cuarto, a menos de que sepan que hay alguien afuera escuchando.
El berrinche es una etapa en el desarrollo emocional de los pequeños/as, sin ser esto una regla estricta, APARECE entre el año y los dos años y medio de vida y puede extenderse y pasar los 5 años. Cuando pequeños los niños/as no han adquirido las herramientas necesarias para manifestar lo que les pasa. A diferencia de los adultos: el lenguaje de los niños/as es pobre y su control psicomotor precario. Sumado a que nacen con cero tolerancia a la frustración: sin capacidad de esperar, de postergar la satisfacción de los deseos (se irá construyendo con el tiempo y con los actos). Un niño/a de casi tres años, en promedio, hace de tres a cuatro berrinches al día con una duración aproximada de un minuto. Pero hay casos de niños/as que hacen berrinches de una hora y otros casos excepcionales que jamás hacen berrinches.
Es importante saber que el berrinche es una inhabilidad de controlar emociones y sentimientos, pero a esta temprana edad no puede ser considerado cómo un síntoma de inestabilidad. Considerando estos factores, puede entenderse el berrinche como una modalidad de comunicación esperable, parte del desarrollo normal ante el “No” que se le impone como máxima frustración, generando reacciones variadas, emociones intensas e incontrolables, si bien se consumen en sí misma y se extinguen rápidamente. Han de ser toleradas como parte constitutiva del desarrollo y orientadas para encontrar formas de expresión más apropiadas.
En caso de frustración por luchar y conseguir una meta LA INTERVENCION DE LOS PADRES es fundamental. No es fácil mantener la compostura y la paciencia cuando están así. Pero sólo el adulto/a puede ayudarle a manejar y soportar esos sentimientos de la mejor manera. Cuando el niño/a se siente incapacitado por su rabia necesita más que nunca de su apoyo, en especial si pierde el dominio de su cuerpo y puede llegar a hacerse daño. Decir que NO implica una renuncia para los padres, renunciar al deseo de ser fuente de puras satisfacciones. Nadie quiere ser “el malo o la mala de la película” pero educar tiene su costo: cuidar de verdad implica muchas veces decir que no. Y si el “No” es flojito, si dura 10 min., si es negociable… los niños/as lo perciben y pulsearán con energía hasta conseguir lo que pretenden. Por lo tanto, el comportamiento de los padres es fundamental para que persistan los berrinches: lo fomentan al no sostener el límite o al otorgar recompensas para que dejen de hacer escándalo (porque establecen la fórmula para conseguir premios). También cuando su propio enojo es descontrolado y se colma de frases hirientes, porque valida la agresión como medio de expresión.
LA ANTICIPACION Y PREVENCION ayuda a descartar en el niño/a trastornos físicos o psicomotores que aumenten frustraciones.
Podemos anticiparnos y ayudarle o acomodar las cosas de forma a facilitarle lo que quiere o le cueste antes que desemboque en la conducta, ejemplo acercarle objetos, aflojas encastres o tapas, cuidando de no hacer por él/ella.
Darle oportunidad para elegir entre dos opciones para comer, comprar, jugar, así sentirán que tienen la posibilidad de decidir y sabrán que se le siente capaz de hacer las cosas.
Establecer límites precisos con respecto a su entorno. Por ejemplo, en el coche tienen que usar cinturón, estar sentado/a, salir tranquilo/a de la casa, sin correr. La aceptación de algunas normas les evitará frustraciones innecesarias
COMO INTRODUCIR CAMBIOS y romper patrones de conducta sin afectar al niño/a también tiene que ver con la anticipación y preparación del entorno.
Se puede desvanecer la conducta negativa e ir incentivando la positiva poco a poco. Un ejemplo de esto es el niño/a que se que después de una enfermedad y muchos cuidados quiere que su mamá lo/la cargue todo el tiempo.
Se le deben avisar las cosas, y cuando pida algo de manera equivocada (llorando o a gritos) hay que ignorarlo/a y atenderle cuando las pida más apropiadamente.
En ocasiones un niño/a está acostumbrado a dormir en la cama de sus papás y de pronto estos quieren que de un día a otro deje de hacerlo, esto es imposible.
Todo tiene un proceso que debe ser respetado y realizace paso a paso.





Imagen: Guille de PDP

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PORQUÉ Y PARA QUÉ CAMBIAR LA CONDUCTA

miércoles, 15 de septiembre de 2010



Los profesionales de la psicología conductista ven la causa de la conducta humana como existente fuera del individuo, en el ambiente inmediato. Si bien los modificadores de conducta destacan los sucesos del ambiente como alteradores de la conducta no significa que los sucesos internos no tengan influencia en la conducta. Los sucesos internos y las conductas como los pensamientos, sentimientos y percepciones pueden influir directamente en la conducta que presenta una persona.
El modificador de conducta se ocupa tanto de de las conductas apropiadas como inapropiadas que exhibe un individuo y del modo como puede intervenirse o manejarse para cambiar esa conducta observable. La modificación de conducta se inició después de 50 años de trabajo científico realizados por psicólogos dedicados al estudio de la teoría del aprendizaje. Además el conductismo se basa en el análisis experimental de la conducta y la llamada ingeniería del comportamiento con todas sus aplicaciones técnicas y terapéuticas.
Esto condujo al descubrimiento de tres cosas importantes:
1-Una persona puede hacer algo cuando obtiene como resultado una recompensa. Ejemplo: un niño/a aprende a hablar o hacer berrinches si con ello atrae la atención de sus padres.
2-Una persona deja de hacer algo a cambio de lo cual no obtiene una recompensa. Ejemplo: deja de hacer berrinches cuando se da cuenta que con ello no consigue ninguna atención.
3-Una persona aprende mejor cuando se le enseña en pequeños pasos.
Si nos proponemos ayudar a un niño/a a cambiar su conducta, lo primero que tenemos que saber es que la conducta es movimiento, siempre que empleemos la palabra conducta nos referimos a movimientos del cuerpo. Ejemplo: si movemos los labios, la lengua, las mandíbulas, los músculos de la respiración al mismo tiempo y de la forma adecuada, decimos que estamos hablando, esto es, manifestamos una conducta verbal.
Si movemos los ojos fijándonos en otra persona, decimos que manifestamos una conducta de contacto ocular. Si un niño mueve los ojos, los brazos y las piernas al mismo tiempo y de una determinada manera, decimos que esta jugando, esto es, manifiesta una conducta de juego.
En resumen, conducta es movimiento. Usamos la palabra conducta para referirnos a movimientos que podemos observar realmente o sea viendo o escuchando. Si no podemos observar la conducta que intentamos cambiar no la podemos modificar.

¿Cómo podemos intervenir para que cambie si no sabemos qué es lo que queremos que cambie?. Ejemplo: si decimos que “un niño/a no quiere aprender” ¿cómo podríamos cambiar esta conducta si no sabemos realmente que es lo que hace el niño?, porque la palabra “quiere” no nos dice nada respecto a los movimientos que podemos ver o escuchar. Entonces ¿cómo podemos ayudar a que quiera aprender si no podemos determinar que es lo que quiere y no?.
En cambio si decimos; “vuelve la cabeza para el otro lado cuando estamos explicando” sí tenemos un dato en relación con la conducta del niño/a, porque se refiere a movimientos que podemos ver, incluso contar el número de veces que realiza la conducta y en qué situaciones manifiesta. Entonces una vez observada e identificada en términos conductuales, así como el número de veces que realiza y ante qué circunstancias, contamos con otro dato para enseñar al niño a cambiar su conducta lo cual se puede conseguir de 4 maneras:
1-Enseñándole a que lo haga mejor, o sea más hábilmente.
2-Aumentando la frecuencia.
3-Disminuyendo la frecuencia.
4-A que lo haga en un determinado momento y lugar.
Por ejemplo: Hay muchas conductas que un niño/a “no sabe hacer muy bien” por lo tanto estas conductas necesita aprenderlas a hacer más hábilmente. Otras, las sabe realizar pero no la practica con la suficiente frecuencia o durante un lapso de tiempo determinado, entonces se tendría que aumentar el número de veces y el tiempo. Por otro lado hay otras conductas que realizan demasiadas veces y cuya frecuencia necesita disminuir y finalmente hay ciertas conductas que las realiza en el lugar inapropiado o en el momento inadecuado, por lo tanto hay que enseñarle a que lo haga en el sitio correspondiente.
El hecho de que la conducta del niño/a aflija al padre, madre o al maestro/a tal vez no sea un criterio adecuado para pensar en hacerle cambiar, puede ocurrir que el verdadero problema no constituya la conducta del niño/a sino más bien la actitud asumida por el adulto/a. En tal caso el verdadero problema “está en el adulto/a y no en el niño/a”, la decisión de cambiar la conducta debe basarse por lo menos en tres criterios :
1-La conducta debe presentarse con suficiente frecuencia, una pelea ocasional es normal pero si ocurre todos los días es inadaptada.
2-Si la conducta continúa acaba por perjudicar al niño/a, incluso a su medio.
3-Si la conducta impide la posterior adaptación y evolución saludable. Una conducta demasiado dependiente acarrea serios problemas en edades posteriores.
Al modificar una conducta no debe pensarse solo en disciplina o comportamiento moral. Abarca mucho más, o sea toda respuesta y rendimiento.
Muchas veces los adultos/as dedican demasiado tiempo y esfuerzo a enseñar conductas difíciles de aprender. Sin embargo los niños/as deben aprender en primer lugar conductas más fáciles que son prerrequisitos para alcanzar o adquirir otras habilidades. De allí la importancia del aprendizaje a pequeños pasos. En muchas cosas se puede estar dedicando excesivo tiempo al tratar de disminuir formas de conductas frecuentes como los berrinches, sin embargo es más importante aumentar “formas buenas de conducta” que tratar de disminuir las “malas”. Por otro lado hay personas que dedican un tiempo excesivamente largo a enseñar una determinada conducta haciendo que los niños se aburran con este procedimiento.







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EDUCAR CON DISCIPLINA

jueves, 26 de agosto de 2010

Este artículo resume muy bien cómo poner límites y educar con disciplina a tráves de los siguientes consejos básicos.

Cómo educar con disciplina a nuestros hijos
Una disciplina eficaz a la hora de aplicar los límites a nuestros hijos es lo más importante. Si nosotros presentamos pautas básicas claras, nuestro hijo aprende y adquiere autocontrol, rutinas y conductas sociales adecuadas necesarias para el día a día. No nos encontramos preparados para establecer los límites. Nos falta habilidad para hacerlo. Hablamos demasiado, exageramos en la emoción, y en muchos casos, nos equivocamos en nuestra forma de expresar con claridad y con demasiada autoridad. Cuando necesitamos decir a nuestros hijos que deben hacer algo y "ahora" (recoger los juguetes, irse a la cama, estar tranquilo, etc.), debemos tener en cuenta algunos consejos básicos:
Debemos tener objetividad
Es frecuente oír de nosotros mismos y de otros padres expresiones como "Portáte bien", "Sé bueno", o "no hagas eso" Las expresiones significan diferentes cosas para diferentes personas. Nuestros hijos nos entenderán mejor si hacemos nuestras normas de una forma más concreta. Un límite bien especificado dice a un niño exactamente lo que tiene que hacer y lo que se espera de él, "cepillarse los dientes "; "cooperar para vestirse"; "agarrar la mano del adulto para cruzar la calle". Así aumentamos substancialmente la relación de complicidad con los hijos.
Ofrezcamos opciones
En muchos casos podemos dar a nuestros hijos una oportunidad limitada de decidir ante una orden. La libertad de oportunidad hace que un niño sienta una sensación de participación, responsabilidad, reduciendo la resistencia. Por ejemplo: "Es la hora de la merienda, ¿Quieres comer nachos o papas fritas?"; "Es la hora de vestirse. ¿Quieres elegir tu ropa, o lo hago yo? Esta es una forma más fácil y rápida de decir a un niño exactamente que hacer.
Seamos firmes
En cuestiones realmente importantes, cuando existe una resistencia a la obediencia, nosotros necesitamos aplicar el límite con firmeza. Un límite firme dice al niño que tiene que parar con su comportamiento y seguir la indicación del adulto. Por ejemplo: "Sin tirar, recoge y guarda en su lugar los juguetes" o "sin tocar la merienda del compañerito, come la tuya". Los límites firmes son mejor aplicados con una voz segura, sin gritos, y una mirada seria en el rostro. Los límites más suaves suponen que el niño tiene una opción de obedecer o no. Ejemplos de límites ligeros: "¿Por qué no llevas tus juguetes a su lugar?"; "es hora de hacer las tareas"; "como me gustaría que te limpies las manos" y "¿qué te parece si apagamos la tele?". Estos límites son apropiados cuando se quiere que el niño actúe en una cierta dirección. De cualquier modo, para esas pocas obligaciones y que se cumplan, seremos mejores cómplices de los hijos si les aplicamos una instrucción firme. La firmeza está entre lo ligero y lo autoritario. Es necesario ponerse de acuerdo con los otros miembros de la familia en los métodos de disciplina. De esta forma el pequeño siempre sabrá qué pasa si no sigue las reglas.
Acentúemos lo positivo
Los niños son más receptivos al "hacer" que a lo que les "ordenan". Directivas cómo el "no" o "pare" dicen a un niño que es inaceptable pero no explica qué comportamiento le gustaría en cambio. En general, es mejor decir a un niño lo que debe hacer ("Habla bajo") antes de lo que no debe hacer ("No grites"). Padres autoritarios dan más órdenes que contienen"no", mientras los demás están propensos a aplicar la orden con el "hacé" o "haz". Es bueno darle sugerencias positivas y estimularlo para que tome decisiones.
Mantengámonos al margen
Cuándo decimos "quiero que te vayas a la cama ahora mismo", estamos creando una lucha de poder personal con nuestros hijos. Una buena estrategia es hacer constar la regla de una forma impersonal. Por ejemplo: "Son las 8, hora de acostarse" y se le enseña el reloj. En este caso, algunos conflictos y sentimientos estarán entre el niño y el reloj.
Expliquemos el porqué
Cuando una persona entiende el motivo de una regla, como una forma de prevenir situaciones peligrosas para sí mismo y para otros, se sentirá mas animado a obedecerla. De este modo, lo mejor cuando se aplica un límite, es explicar al niño el porqué tiene que obedecer. Entendiendo la razón para obedecer una órden ayuda a los niños a que desarrollen valores internos de conducta o comportamiento, conciencia. Antes de dar una larga explicación que puede distraer a los niños, manifieste la razón en pocas palabras. Por ejemplo: "No muerdas a las personas. Eso les hará daño"; "No me pegues porqué me duele","Si tiras los juguetes de otros niños, ellos se sentirán tristes porque les gustaría jugar con ellos".
Sugeramos una alternativa
Siempre que apliques un límite al comportamiento de un niño, intente indicar una alternativa aceptable. Al hacerlo sonará menos negativo y su hijo se sentirá menos desaventajado. De este modo, podemos decir "yo sé que te gusta mi pintalabios, pero eso es para los labios y no para jugar. Aquí tienes un lápiz y papel a cambio". Otro ejemplo sería decir "No te puedo dar un caramelo antes de la cena, pero te puedo dar un helado de chocolate después". Al ofrecerle alternativas, se le está enseñando que sus sentimientos y deseos son aceptables. Este es un camino de expresión más correcto.
Seamos seriamente consistentes
Una regla puntual para una efectiva puesta del límites es evitar una regla repetitiva. Una rutina flexible (acostarse a las 8 una noche, a las 8 y media en la próxima, y a las 9 en otra noche) invita a una resistencia y se torna imposible de cumplir. Las rutinas y reglas importantes en la familia deberían ser efectivas día tras día, aunque estemos cansados o indispuestos. Si damos a los hijos la oportunidad de dar vueltas a sus reglas, ellos seguramente intentarán resistir. Por lo tanto actuar rápidamente sin permitir que la conducta inadecuada aumente y darle a conocer que pasa, las consecuencias si rompe las normas.
Desaprobemos la conducta, no el niño
Es necesario que dejemos claro para nuestros hijos que nuestra desaprobación está relacionada a su comportamiento y no directamente a ellos. No les estamos rechazando. Evitemos decir "Niño malo" (desaprobación del niño). Deberíamos decir "No muerdas" (desaprobación de la conducta). En lugar de decir "realmente no puedo controlarte cuando actúas de esta forma", deberíamos decir, "Estas latas no están para tirar. Deben quedar en el estante de la cocina". No olvidemos respetar al niño y que a veces puede estar en desacuerdo.
Controlemos las emociones
Los investigadores señalan que cuando los padres están muy enojados castigan más seriamente y son más propensos a ser verbalmente y/o físicamente abusivos con sus niños. Hay épocas en que necesitamos actuar con más calma, y contar hasta diez antes de reaccionar. La disciplina es básicamente enseñar al niño cómo debe comportarse. No se puede enseñar con eficacia si somos extremamente emocionales. Delante de un mal comportamiento, lo mejor es tomarse un minuto de calma uno mismo, y después preguntar con calma, "¿que sucedió aquí?". Todos los niños necesitan que sus padres establezcan las guías de consulta para el comportamiento aceptable. Cuanto más expertos nos hacemos en fijar los límites, mayor es la cooperación que recibiremos de nuestros niños y menor la necesidad de aplicar consecuencias desagradables para que se cumplan los mismos. El resultado es una atmósfera casera más agradable para los padres y los hijos.

Material adaptado y corregido por PDP, su autor: Charles E. Schaefer, Ph.D., profesor de psicologÍa y director del Centro de Servicios Psicológicos de la Universidad de Fairleigh Dickinson.

Publicado por Programa de Desarrollo Psicosocial 9 comentarios  

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