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PDP

"Que gran desafío... Vivir experiencias, procesos, adquirir confianza, expresar emociones, conocer criterios. ¡Que gran desafío construir mi propio camino de crecimiento personal!"

¿Qué es PDP?

El Programa de Desarrollo Psicosocial acompaña el proceso de adquisición e implementación de las habilidades para lograr un equilibrio entre los factores que hacen al entorno de personas con capacidades diferentes.
El PDP pone énfasis en el trabajo de las habilidades conductuales, sociales y adaptativas asi como el entrenamiento funcional para la vida práctica, la autonomía personal y la autogestión


Quienes somos

Somos dos psicologos y terapeutas conductuales, Carmen Ruiz Diana y Rodrigo Julio Peralta, con gran experiencia en la educación y tratamiento de niños, jóvenes y adultos con diversidad funcional, Síndrome de Down, trastornos del espectro autista, TGD, TDAH, trastornos conductuales y emocionales.

Nuestro objetivo y propósito con este blog es dar a conocer y compartir desde la práctica nuestras ideas y experiencias vivenciales, las cuales nos motivan a realizar nuestro programa.

En caso de necesitar información sobre nuestro trabajo en mi perfil obtendrán nuestro correo electrónico, gustosos responderemos. Gracias


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SOBRE LA INTOLERANCIA, ARTÍCULO DE LAURA GUTMAN

viernes, 13 de noviembre de 2015







Sobre la intolerancia
La intransigencia y la intolerancia son actitudes muy comunes en nuestra civilización, porque hay una lógica que las sostiene. Los seres humanos no nacemos rígidos, sino blandos. No nacemos con miedo, sino que vamos adquiriendo esos mecanismos por la falta de cuidado y protección que han sido difíciles de sobrellevar con nuestros escasos recursos, cuando fuimos niños.
Al defender ciertas ideas, a veces pretendemos mantenerlas cautivas. Pero resulta que las ideas son del viento. Las ideas son maleables porque no están en ninguna parte. Las ideas las creamos, las organizamos y las cambiamos con sólo pensarlas. Ahora bien, cuando los individuos hemos crecido en un ambiente sin reglas claras en términos emocionales –ya que ése era el ámbito que debía ser inamovible: un territorio de amor inconmensurable– luego nos amparamos bajo cualquier idea que sea todo lo inamovible que logremos que sea. Es interesante darnos cuenta que fijar una idea es tan imposible como pretender que no cambie el clima. Sin embargo… eso es lo que hacemos. Pensamos algo y lo encerramos dentro de un bloque ideológico lo más restringido, inalterable, duradero y quieto posible. ¿Cuáles ideas? Cualesquiera.
Es evidente que, cuanto más obstinados devengamos, más temor nos causará cualquier situación que se aleje de nuestras ideas establecidas. Pensemos en nuestros propios padres rígidos cuando no han tolerado que durante nuestras adolescencias hayamos encontrado formatos, vocaciones o parejas por fuera de sus ideales: el derrumbe emocional para nuestros padres en algunos casos ha sido devastador. No estoy juzgando quien tenía razón, sino que estoy tratando de contemplar los motivos inconscientes –basados en las vivencias caóticas de sus respectivas infancias– para tener tanto miedo frente a lo diferente: Un novio de otra cultura que la hija trae a casa, una elección de carrera poco convencional o la decisión de dejar de comer carne, a simple vista, parecen tonterías, pero pueden representar –para un individuo que precisa restringir su mente dentro de cánones muy conocidos y controlados– un peligro emocional de proporciones considerables.
Las ideas estrictas nos permiten trazar un límite claro –aunque ilusorio– entre el “aquí adentro” y el “allá afuera” decidiendo quiénes serán invitados a nuestra fiesta y quiénes no. De hecho, marcan límites a veces más infranqueables que las fronteras entre países.
A escala colectiva observemos cómo a veces se organizan ideologías políticas y guerras sangrientas que a lo largo de la historia hemos afrontado los seres humanos. ¿En nombre de qué? De ideas inflexibles, como consecuencia del miedo que nos produce cualquier individuo, tribu o comunidad que aparezca como diferente. Insisto en que una idea, por definición no puede ser inamovible. Las ideas rígidas son meras reacciones automáticas por miedo. Ese miedo no es social, es individual. Claro que si sumamos todos los miedos individuales, nos convertiremos en un ejército de dragones aterrorizados.
El origen del miedo está inscrito en la vivencia primaria por no haber sido abrazos, cobijados y protegidos desde nuestra primera respiración. Si hubo momentos terroríficos en nuestra vida, fueron principalmente esos. Sumado a los años posteriores de infancias desamparadas que profundizaron las mismas escenas de desprotección del inicio. Por eso observemos de qué modo esas experiencias individuales se traducen luego en reacciones colectivas y con qué frecuencia defendemos con pasión ideas recalcitrantes como si tuvieran alguna importancia. Como si los pensamientos no fueran a cambiar. Como si la vida no fuera un movimiento continuo y fluctuante.

Laura Gutman
Fuente: http://www.lauragutman.com.ar/sobre-la-intolerancia
Imagen: Graciela Rodo Boulanger
 

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Etiquetas: Aprendizajes, Artículos, Comunicación, Conducta, Desafíos, Diversidad, Educación, Familia, Inclusión, Valores

"Consolar a quién pierde un hijo durante su gestación", imperdible.

viernes, 30 de octubre de 2015


Esta entrada es de Mar Garcia Bernabeu  de su blog Psicología Perinatal 



Perder un hijo es una desgracia, perder tres hijos, es algo que una no sabe explicar lo que significa. La vida te cambia irremediablemente.
En ocasiones, incluso las más duras, cuando estás en tiempo de espera de conocer qué le sucede a tu pequeño, una estalla en lágrimas y llantos intensos irremediablemente, sin previo aviso, y quiénes están a tu alrededor, pueden reaccionar de diferentes maneras. 
Siempre he echado de menos en el personal médico una mano que me acompañara en momentos determinantes, unas palabras o un gesto de consuelo, en el momento de darme la fatídica noticia.
En dos ocasiones he recibido algo de consuelo de unas ginecólogas que supieron acompañarme con un sencillo "lo sentimos", o con un "nadie sabe por lo que estás pasando, sólo tú".
Sin embargo también he escuchado palabras que sé no son malintencionadas, aunque sin quererlo son dañinas, incluso de personas allegadas: "es que no hay que obsesionarse, relájate". Lo anterior ocurría por hablar de mis pérdidas, mientras una persona embarazada me hablaba de su bebé, del que acababa de conocer hace poco sobre su gestación. Mostrando esta persona un desconocimiento total de lo que es en general la vivencia de un embarazo tras pérdida gestacional previa, lo cual es fácilmente comprensible, pero no asi su gran dificultad para empatizar con otra madre, que lo es de un bebé que ha perdido, igual que ella lo es del que lleva en su útero.

Quizás estamos viendo aquí la puesta en marcha de  un mecanismo defensivo: ante el miedo a darse cuenta de que esto también podría pasarle a ella, como mecanismo de negación de las emociones de la otra madre, por un posible temor a identificarse con la madre doliente "por si acaso" esto "supersticiosamente"  pudiera sucederle a ella también. O también he podido escuchar de esta madre gestante primeriza, que no ha perdido la inocencia de un embarazo, la creencia de que "todo va a ir bien" (inocencia que en su siguiente gestación  ya no tendrá una madre que ha sufrido una pérdida gestacional previa) comentarios  tales como "mujer tranquilízate, sino cómo vas a pasar todo el embarazo", únicamente por verbalizar miedos en voz alta. 
Es decir, hablar de tus hijos fallecidos se puede asociar a "estar obsesionada", en lugar de una sana señal de verbalización y exteriorizacíón del duelo que se está viviendo, que ayuda a que  éste sea elaborado y no acabe siendo un duelo patológico. 
La supuesta normalidad es hablar de un hijo que recientemente se ha conocido la noticia de su gestación, pero no así de la pérdida de un hijo, cuando éste ya no está en el útero de su madre (aquí estaríamos hablando de un concepto que ya expliqué con anterioridad en otras entradas sobre DUELOS DESAUTORIZADOS), lo que puede llegar a asociarse con comentarios como:  "ya es tiempo de que vuelvas a ser normal" (hay madres que han tenido que escuchar "¿Todavía estás así?" o similares preguntas o afirmaciones como "tú lo que tienes que hacer es dejar de pensar en eso ya"; como si te dijeran o incluso realmente te verbalizasen: "ya va siendo hora que lo superes y dejes de hablar de ello"). Es decir, el  duelo gestacional (más incluso que el perinatal) es un duelo realmente rodeado de una gran falta de comprensión y conocimiento de lo que éste significa, por parte del entorno de los padres que han perdido a su bebé en algún momento de su gestación.
De la vida, del nacimiento o de la gestación de ésta, nos sentimos cómodos, felices, hablando de ella, de la muerte, en esta sociedad occidental, no se habla con igual naturalidad como de la primera. Con este artículo, uno de mis objetivos, es normalizar el verbalizar, el hacer visible la necesidad y lo sano de hablar de la muerte, de ponerle palabras, de ayudar y apoyar a quiénes están pasando por la muerte de un ser tan querido, como lo es un hijo, facilitándoles la expresión de su dolor, de sus emociones. Con ello estaremos ayudándoles en la necesaria e importante tarea de elaboración de su duelo, comenzando por el reconocimiento de éste. Fases todas ellas necesarias  para llegar a una aceptación sanadora de esta pérdida, y a un crecimiento posterior, que muchas mamás y papás que han pasado por esto proceso, han vivenciado tras la pérdida de uno o más hijos, durante cualquier momento de su gestación o alrededor del parto.

Otro ejemplo de todo el silencio, incomprensión y desconocimiento sobre este tema, se da cuando le hablas a alguien del personal médico que te atiende en una situación de una posible real nueva pérdida, de tu miedo de perder de nuevo a tu bebé (por síntomas detectados que así parecen indicarlo), después de dos pérdidas previas, al estar en una estado emocional de llanto fuerte,  una puede llegar a escuchar comentarios tales como:  "sé lo que es perder un bebé, y hasta cinco", y al preguntarle si ella  había vivido estas pérdidas, escuchar que esta persona habla de la experiencia de otra persona, no de la suya propia (algo que no ayuda en un momento en que no necesitas ser comparada  con ninguna otra persona, sino acompañamiento en tu dolor).
A las mujeres embarazadas nos hacen cientos de pruebas médicas, pero no se paran a escucharnos afectivamente, en nuestras emociones, como si éstas carecieran de importancia, ignorándonos en este sentido. Con el "chica, cálmate, que aún no es seguro que vayas a perderlo de nuevo", ¿quieren pretender qué?: ¿calmarnos, relajarnos?. Sin embargo no se les ocurre ponerse a tu lado, acercarse, y sencillamente tocarte una mano, acompañándote en ese difícil y angustioso momento de espera de los resultados, o quedarse en silencio escuchándote unos segundos (como si la escucha no fuese importante, sino sólo el hacer).
Incluso en una ocasión he tenido que escuchar de un supuesto magnífico ginecólogo que asiste partos respetuosos (permitirme que lo dude por su desconocimiento de cómo acompañar a unos padres, a una madre, que acababa de conocer la muerte de su hijo) al ir a solicitar información sobre un manejo expectante del aborto: "tú no sabes lo que es perder un hijo" (porque éste hijo estaba en el primer trimestre de su gestación), o "tú lo que tienes herida es tu vanidad". ¡¡ Cuánta falta de empatía, de respeto, y de formación en duelo gestacional en un profesional que se supone que acompaña a mujeres en momentos en que esperas la vida, pero en que también puede ocurrir justo en éstos, la llegada de en ocasiones, la inesperada muerte !!.   

Me pregunto por qué en Urgencias de Maternidad, en los hospitales públicos tienen como protocolo la norma de no dejar pasar a un familiar de la mujer. Sería algo tan fácil de cambiar si nos pusieramos en la piel de esta madre, si  se entendiera la necesidad de la mujer, de una compañía significativa para ella, que le apoye, que esté a su lado en momentos que pueden ser de enorme dificultad emocional para afrontar, tales como ante posibles pérdidas gestacionales. Comprobar una y otra vez (si por desgracia has vivido ésto en varias ocasiones,  que aunque lo pidas insistentemente) cómo sólo te dejan que entre tu compañero, cuando ya es obvio la noticia que te acaban de dar, de que tu bebé ha fallecido, es dolorosísimo,  personal y profesionalmente lo considero incomprensible.
Hace mucho que a los niños les permiten ser acompañados continuamente por un familiar cuando entran en un hospital, en urgencias, o cuando son hospitalizados y pueden tener el apoyo en todo momento de uno de sus progenitores. Sin embargo parece que aún no se ha llegado a comprender lo mucho que ayudaría dejar que la mujer pueda ser acompañada por una persona significativa para ella, en estos casos, pues incluso el modo en cómo recibe la noticia de su pérdida, puede influir en la posterior elaboración de su duelo por la pérdida de su bebé (y es algo que ya está investigado en otros países), en el afrontamiento posterior de esta muerte.

Es importante sensibilizar sobre este tema, hablar de él, en voz alta, ayudar a que llegue a los profesionales que trabajan en obstetricia, a los familiares, a amigos, a conocidos, a compañeros de trabajo, para que la muerte, sí, la muerte, de un bebé en cualquier momento de su gestación, o alrededor del parto, no produzca tanto "miedo", y así ayudar a que no sea un tema tabú del que nos asustemos al hablar. 
Reproduzco las palabras de Ana Alonso Cenizo ( en la Revista Obstare número 23, dedicada por completo a un monográfico: la muerte gestacional y perinatal), psicóloga especializada en duelo perinatal, mamá de dos hijos, uno de ellos nacido sin vida, Álvaro, cuando se pregunta: 
"¿Por qué esa negación de la existencia d nuestros hijos nacidos sin vida?. ¿Por qué ese tabú a hablar de ellos?. ¿Existe un componente histórico y educacional?. ¿Se pretende aminorar el dolor de estos padres con esta actitud?...Porque, lejos de este propósito, lo que se consigue es incrementar el dolor de una pareja, que como todo padre, quiere que se reconozca a su hijo, nacido con o sin vida?". Lo hace al hablar de la falta de reconocimiento de nuestros hijos nacidos sin vida en el estado español.  
Habla de su dificultad para hablar de su hijo cuando se relaciona con su entorno de España (Ana Alonso Cenizo    es Miembro de OVOK Bélgica: grupo de apoyo a padres que han perdido un hijo, está casada con un belga, vive desde hace 12 años en Bélgica y es en este país dónde tuvo a sus dos hijos), en dónde ha sentido que tras la muerte de su hijo Álvaro vivió una gran incomprensión de parte de mucha gente de su vida anterior. Menciona que a la gente le hacía daño su dolor, y que por eso muchos decidieron alejarse, que otros se quedaron a su lado con el trato implícito de eludir hablar de su hijo, convirtiéndose este tema en un auténtico tabú, mientras que en su país de acogida le permiten hablar de su niño, le envían tarjetas para recordar sus fechas ... 
Si esto es así de difícil con un hijo que llegó a nacer,  sin vida, muerto, pero que llegó a nacer, ¿cómo puede ser la pérdida de un hijo en la etapa gestacional cuando es una pérdida temprana en el primer trimestre de gestación. Aún llena de mayor incomprensión, por parte del entorno, incluso en ocasiones el más cercano a los padres.
Todo puede ser diferente, facilitar un tránsito sanador, cuando por el contrario estos padres se sienten libres de hablar de su bebé fallecido, cuando encuentran hombros en los que apoyarse, personas que les entienden y acompañan, que les transmiten igualmente su pena por el dolor que están pasando, que desean escucharles con amor, sin juzgarles. A estas personas, a mi compañero de vida, a mis seres más queridos (familiares o no), a mis amigos del alma, a personas que he conocido en la lejanía y que he llegado a sentir muy cercanas a mi dolor, a quiénes me habéis acompañado, quiero haceros llegar mi más profundo cariño, amor y mi sincero respeto por vuestra humanidad, por vuestro acompañamiento, vuestro estar ahí, por el apoyo que me habéis mostrado, día tras día, y las muestras de amor que tanto he sentido, porque sin vosotros mi camino hubiese sido mucho más tormentoso de recorrer. Gracias a "mi tribu", la que auténticamente me ha comprendido desde el corazón en todo este proceso.
Os animo a quiénes estéis pasando por esto proceso, a que busquéis vuestra propia "tribu de la cicatriz" (de la que  Clarissa Pinkola habla), para poder rodearos de un círculo sanador en la elaboración de vuestra pérdida.
Finalmente quiero acercaros esta definición de consolar, que aparece en el libro "Si pierdes un embarazo", de B. Spitz, M. Keirse y A. Vandermeulen ( y citada en la Revista Obstare), por su sabiduría: 
                                           consolar...
                     Consolar no es conocer la respuesta.
                  Mucho menos desplazar la rabia y recetar
                            cómo se tienen que sentir.
                  Consolar es saber callar, y con una mirada ,
                  una caricia, hacer sentir señales de esperanza,
                                    seguridad y confianza.
                  Es compartir la pena, más que quitarla.
                                (la pena nada la quita).
                  Consolar es ayudar a los padres a vivir
                             con las preguntas para las
                                que no hay respuestas.

 Fuente: http://gestaltmarpsicologiaperinatal.blogspot.com/2013/02/perder-un-hijo.html

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Etiquetas: Aprendizajes, Artículos, Desafíos, Familia, Informaciones, Valores, Vivencias y procesos

La adolescencia, un camino desconcertante

miércoles, 29 de julio de 2015




Adolescentes en riesgo

La adolescencia nos encuentra pretendiendo no depender más emocionalmente de nuestros padres pero sin una organización interna consistente por falta de amparo cuando fuimos niños. Entonces esas ansias de libertad las desplegamos con desprolijidad: A veces consumiendo sustancias (tabaco, alcohol, drogas) que nos dan una falsa sensación de bienestar y otras veces desconectando de nuestro mundo emocional. Coincide con el período en que se nos solicita a los adolescentes que definamos nuestra vocación, pero no estamos en condiciones de apropiarnos de nuestro sí mismo para desarrollar nuestras virtudes. Suele ser una época sufriente a mitad de camino entre el desconcertante deseo propio y el inalcanzable deseo de nuestros padres.

Desde el punto de vista de los padres, recién cuando aparecen problemas de consumo,  violencia o apatía en nuestros hijos adolescentes, registramos que algo está pasando. Pretendemos una solución. Pero resulta que nuestros hijos pasaron toda su infancia intentando estar en contacto con sus propios ritmos y desplazando sus necesidades primarias, para complacernos. Hace ya mucho tiempo que dejaron de reconocer sus propias señales y -para no sufrir- han aprendido a desconocerlas.

Es evidente que somos los adultos quienes podemos -con las manos sobre el corazón- reconocer nuestra incapacidad para ofrecerles algo más que quejas o juicios sobre lo que ellos hacen mal, aún con la “urgencia” de un joven en riesgo. Solemos creer que la urgencia se instaló ahora que el síntoma se hizo demasiado evidente, cuando en realidad hace años que ese niño venía pidiendo auxilio. Cuando fue bebe no nos pareció peligroso su llanto desgarrador, ni nos pareció terrorífico su llanto desesperado en la escuela, ni las enfermedades a repetición de ese niño cada vez más debilitado. En ese entonces era urgente la presencia emocional de mamá, era urgente el abrazo contenedor cuando había depredadores por doquier, era urgente la disponibilidad de mamá cuando su cuerpo sangraba, desgarrado de soledad. En cambio -una vez que el adolescente logra incorporar una sustancia cualquiera- ya no hay urgencias. Nos sobra el tiempo para recorrer todos los rincones de nuestra historia personal hasta comprender qué nos ha sucedido y por qué nos ha resultado abrumador dar prioridad a las necesidades acuciantes de nuestros hijos pequeños.

Aunque nos encontremos con un panorama desolador, los adolescentes aún están abiertos. Cuando los adultos estamos dispuestos a dialogar con honestidad aceptando el dolor de las propias limitaciones; logramos atraer la atención de los jóvenes en apariencia apáticos. Podemos jugar las últimas cartas mediante una comunicación sincera, siempre y cuando miremos hacia adentro y compartamos con nuestros hijos aquello que vayamos descubriendo respecto a los encadenamientos trans generacionales de maltratos, violencias y abandonos. En pocos años más -cuando ellos se conviertan en adultos- todo proceso de indagación personal va a depender de la decisión consciente de ellos. Ya no de nosotros.


Laura Gutman
 


Fuente: http://www.lauragutman.com.ar/adolescentes-en-riesgo/
Imagen: Graciela Rodo Boulanger

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Etiquetas: Aprendizajes, Artículos, Autonomía, Comunicación, Conducta, Derechos, Desafíos, Educación, Familia, Valores, Vivencias y procesos

Actuar sin pensar... Y luego arrepentirse

lunes, 23 de marzo de 2015



Algunos niños parecen pensar y/o actuar como movidos por un resorte, en forma inmediata, sin elaboración del pensamiento o de la acción. Constituyen el SDA SIN HIPERACTIVIDAD SUBTIPO IMPULSIVO. Si bien el término “impulsividad” es adecuado para describirles, sería más apropiado llamarles “irreflexivos”, por cuanto su mente y/o su conducta no se toman el necesario tiempo para analizar la conveniencia o inconveniencia de tal pensamiento o de tal comportamiento.
La inmadurez cognitiva no está presente o bien lo está pero es poco significativa. Lo más notorio en estos niños es un estilo impulsivo cognitivo o cognitivo/conductual, que se expresa como un “actuar sin pensar”.

En el ámbito académico, acometen el trabajo sin ninguna organización ni planificación; no escuchan las instrucciones, no leen con calma las preguntas de las pruebas escritas o los enunciados de los problemas; pasan por encima de los operadores sin verlos. Siempre son los primeros en finalizar las actividades, los primeros en entregar la prueba, acompañando la acción con una amplia sonrisa de ganadores, ya que habitualmente están convencidos de haber respondido correctamente todas las preguntas de una prueba “muy fácil”. Suelen responder sin respetar turnos, sin solicitar la palabra y a menudo antes que el profesor haya terminado de plantear la pregunta. La asignatura que permite apreciar mejor el estilo impulsivo cognitivo es Matemáticas.

Durante los primeros años escolares, estos chicos se resisten a desarrollar y aplicar estrategias de abordaje de los ejercicios y problemas matemáticos; eligen de regla adivinar el posible resultado, optando por estimar, aproximar un resultado, pero eludiendo llevar a cabo un procedimiento paso a paso. Jamás revisan. En el segundo ciclo mantienen su tendencia a adivinar por aproximación los resultados de ejercicios y problemas; olvidan cambiar el signo cuando resuelven ecuaciones.

En el ámbito social suelen ser “pensamiento hablado”, hacen comentarios o emiten opiniones sin evaluar previamente si serán oportunas; pueden reír a carcajadas en situaciones de gran formalidad. La conducta irreflexiva se hace muy notoria en las etapas de poda sináptica (entre los cinco y los seis años, en la etapa prepuberal, entre los dieciséis y diecisiete años).
Cuando son hijos únicos, sus características son poco advertidas por sus padres, ya que son más notorias en el aula, pero si hay más hermanos, algunos de estos chicos suelen introducir la discordia en la fratría: molestan a los hermanos que están jugando tranquilos, se muestran burlones, les arrebatan los juguetes, imponen sus gustos a la hora de ver TV. Durante las horas de comida interrumpen las conversaciones, hablan en voz muy alta, descalifican a quienes dan su opinión y a veces molestan a los más pequeños.

Un rasgo característico de este SUBTIPO IMPULSIVO es la dificultad o incapacidad para asumir su responsabilidad por las consecuencias de sus acciones, tendiendo siempre a culpar a terceros. Si cometieron errores por impulsividad en una prueba, es porque el profesor “me tiene bronca” o bien “se equivocó al corregir”. Si estaban molestando a un hermano pequeño y un adulto les reprende, protestan diciendo “mi hermano empezó”. 
Frente a la reprimenda levantan la voz, se muestran tercos y discutidores y se niegan a obedecer. Sin embargo, una vez calmados, se muestran arrepentidos y reconocen su mal comportamiento, si bien suelen adjudicarlo a “alguien malo que está en mi interior”.

En el aula se muestran porfiados, pero nunca desafían abiertamente al profesor; pueden oponerse por algunos momentos, mostrándose ofuscados; a veces expresan su enojo alzando la voz, protestando de malos modos, saliendo del aula en forma airada y dando un portazo. Pero, una vez calmados, ofrecen disculpas, se muestran arrepentidos y reconocen haber actuado mal. Sin embargo, no se debe creer que dicho arrepentimiento implica que no se repetirá el problema conductual: es probable que al día siguiente nuevamente esté molestando a la hermana o contando chistes en medio de la clase.


Fuente: http://www.calpeyabyla.com/profiles/blogs/actuar-sin-pensar-y-luego-arrepentirse


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Etiquetas: Artículos, Asperger, Autismo, Comunicación, Conceptos básicos, Conducta, Educación, Habilidades básicas, Habilidades motoras, Habilidades Sociales, Hiperactividad, Inclusión

UN PADRE TRATANDO DE PROTEGER A SU HIJO CON AUTISMO

miércoles, 17 de diciembre de 2014

El padre de un chico con autismo pide prohibir la pirotecnia

Marcos es el papá de Ezequiel y cuenta que todos los años para las Fiestas su vida se transforma en una tortura: su hijo tiene autismo y se asusta mucho de las explosiones; su pedido por change.org


 
Para las personas autistas se amplifican algunos ruidos. Foto: Archivo / LA NACION
Marcos Goldschmidt es papá de Ezequiel y cuenta que todos los años cuando llegan las fiestas su vida se transforma en una tortura. Su hijo es autista y se asusta mucho de las explosiones, por eso pide en esta petición, que realizavía change.org, que se prohíba el uso de la pirotecnia.
El lo cuenta así: "Soy Marcos y se acerca la época más horrible para mí y mi familia: las fiestas. Mi hijo, Ezequiel, es autista y se asusta mucho con las explosiones de los fuegos artificiales. No hay lugar de la casa en donde se pueda proteger, porque se escuchan desde todos lados".
Agrega: "Se supone que las fiestas son fechas de celebración, pero para Ezequiel y nuestra familia son casi una tortura. Te pido que me apoyes para que se prohíba la pirotecnia".
 Marcos dice: "Por cada cañita voladora, petardo, etc. que se tira, veo a mi hijo con cara de horror, tapándose las orejas y buscando, inútilmente, un lugar donde estar tranquilo. Realmente no lo puedo ver así, y ya probamos todo: tapones auditivos, auriculares. ¡Nada funciona! Cada vez que escucha una explosión su cara de pánico me parte el alma".
Por este motivo pide: "Ayudame con tu firma para que se prohíba la pirotecnia y compartí la petición con tus amigos para que juntos lleguemos a más personas".
En varias ciudades de la Argentina ya se logró y si hay más firmas se puede lograr una ley que rija en todo el país. "Yo te lo voy a agradecer mucho en nombre de mi hijo, de todas las personas autistas, de los bebes y de los animales que no pueden expresarse".
Cada firma que se suma a su campaña, se traduce en un email que llega directo a las autoridades a las cuales Marcos dirige su petitorio: Al presidente de la Comisión de Salud y Deporte del Senado,Silvia Beatriz Elias de Perez; al presidente de la Comisión de Discapacidad, Agustín Portela; al presidente de la Comisión de Familia, Niñez, Mujer y Adolescencia, Felipe Solá; al presidente de la Comisión de Acción Social y Salud Pública, Andrea Fabiana García; al presidente de la Comisión de Asuntos Municipales, Christian Alejandro Gribaudo y al presidente de la Comisión de Derechos Humanos y Garantías, Carlotto Remo.
"Si a tantos nos hace mal, ¿no es hora de prohibirla de una vez? ¡Por unas fiestas sin pirotecnia!", finaliza.

Otros petitorios sobre pirotecnia en Change.org

www.change.org/pirotecniacero
www.change.org/sinpirotecniacba
www.change.org/nopirotecnianecochea
www.change.org/nopirotecniaparana
www.change.org/nopirotecniacaba
www.change.org/noalapirotecniaconcordia
www.change.org/mihijaylapirotecnia.

Inesperada repercusión del pedido de Marcos, que busca proteger a su hijo autista de la pirotecnia

La petición se viralizó mediante la plataforma Change.org y alcanzó niveles impensados;
Marcos cuenta que Ezequiel sufre mucho con los ruidos de los fuegos artificiales. 
El pedido desesperado del papá de Ezequiel, un chico autista, que busca a través de la plataforma Change.org prohibir la pirotecnia para aminorar los efectos negativos que los ruidos de las explosiones provocan en su hijo, tuvo un impacto inesperado en las últimas horas.
"Ayudame con tu firma para que se prohíba la pirotecnia y compartí la petición con tus amigos para que juntos lleguemos a más personas", insta Marcos, al reflexionar sobre la crítica situación de su pequeño, que "no puede expresarse", pero que sufre mucho con el cúmulo de fuegos artificiales que coronan todas las fiestas de fin de año.
A los pocos días de haberse incorporado a Change.org, la petición cosechó decenas de firmas, pero el número creció a pasos agigantados en la última semana. Así, se pasó de 50 firmas, registradas el miércoles 3 de diciembre, a 7.772 firmas, al día de hoy.
Fuera de la plataforma, en Facebook, el caso fue compartido más de 7400 veces, y la nota referida al tema superó los mil comentarios en la página de LA NACION.
Pese a la amplia repercusión, Marcos necesita todavía de más ayuda. "Declararé la victoria después del 31 de diciembre si se pudieron pasar unas fiestas mucho menos pirotécnicas, sino voy a seguir hasta que lo logremos. Muchas gracias a todos por sumarse", publicó en la plataforma al observar la dinámica y viralización desatados por la campaña.





Fuente - http://www.lanacion.com.ar/1753087-pirotecnia
 http://www.lanacion.com.ar/1752920-el-padre-de-un-chico-autista-pide-prohibir-la-pirotecnia

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Lente Sensorial: Apoyo Terapéutico y Pronóstico

domingo, 30 de noviembre de 2014

 Por Juanita Rojas, Terapeuta Ocupacional

¿Qué hacer?
En primer lugar, reconocer y aceptar que se está frente a un problema real y no atribuir las reacciones del niño a “mañas”, manipulación o a temores sin fundamento. Reconocer que la integración sensorial existe, que cumple un rol fundamental en el desarrollo del niño y promoverla mediante el juego.
También es favorable para el niño la participación en otras actividades, como deportes, yoga, artes marciales, ejecución de instrumentos musicales o terapia con animales; sin embargo es importante tener en cuenta que estas no reemplazan la terapia, ya que si bien dan oportunidad de estimulación sensorial, esto no es lo mismo que integración sensorial. Ser muy respetuoso respecto de los temores del niño ante ciertas actividades sensoriales. No exigir, no sobreexponer. Ayudarlo a ser más feliz, pues muchas veces este niño no lo pasa bien y tampoco se siente satisfecho consigo mismo. Para esto, “usar el lente sensorial” y así obtener alguna respuesta que nos oriente a un mejor manejo. Consultar a un profesional especializado si ve reacciones en el niño asociadas a estimulación sensorial que estén interfiriendo su normal desarrollo en algún área funcional (relación con pares, desempeño académico, desempeño motor, actividades de la vida diaria, juego, etc.)

 Apoyo Terapéutico
En Chile y en otros países, la terapia es realizada por terapeutas ocupacionales y kinesiólogos que se han especializado en la teoría y práctica de la integración sensorial. En Chile, la mayoría de los profesionales que aplican la integración sensorial se han formado mediante cursos impartidos por la Dra. Erna v Imperatore, Terapeuta Ocupacional chilena residente en Los Ángeles, E.E.U.U, quien a su vez fue discípula de Jean Ayres.
El curso de teoría de I.S., también está dirigido a otros profesionales como psicólogos, fonoaudiólogos, profesores y médicos; sin embargo el curso de intervención se entrega sólo a terapeutas ocupacionales y kinesiólogos. La terapia generalmente se realiza mediante sesiones individuales, en un espacio amplio especialmente implementado con equipo que promueva el desarrollo de los tres sistemas principales en la teoría.
Este espacio de tratamiento no sólo debe ser física y emocionalmente seguro para el niño, sino que también debe ser un lugar atractivo, que invite a la exploración, a la creatividad y al juego. La terapia implica una completa evaluación basada en la aplicación de observaciones clínicas estructuradas, cuestionarios sensoriales, observación del juego o de la actividad espontánea, entrevista a los padres, aplicación de tests de desarrollo estandarizados. Posterior a esto se elabora un plan de tratamiento específico, que incluye tanto la terapia en la clínica como las sugerencias a la familia y/o profesores.
Las modificaciones en el ambiente se refieren a sugerencias específicas a ser aplicadas en el hogar, colegio u otro espacio, destinadas a ayudar al niño en el corto y mediano plazo (dieta sensorial, modificaciones físicas del ambiente, abordaje del aspecto emocional). Estas sugerencias son entregadas y supervisadas por un profesional especialista en I.S. y llevadas a la práctica por los padres, profesores u otro profesional de apoyo. Esta modalidad puede estar dirigida tanto a un determinado niño como a un grupo en situación de juego deporte, etc.

¿Los avances son visibles?
Los padres y profesores pueden percibir rápidamente cuando el niño se está beneficiando con la terapia mediante varios indicadores, algunos de los cuales son: el niño mejora su desempeño en el área funcional por la cual consultaron (esta puede incluir problemas en el área motora, de autoayuda u otras). Mejora su
autoestima y su capacidad de disfrutar con diferentes actividades o en diferentes situaciones sociales. El niño se propone y/o enfrenta nuevos desafíos. Mejora su organización de conducta. Por otra parte, el profesional tratante realiza re-evaluaciones periódicas que dan cuenta de la evolución del niño.

 Pronóstico
Como en toda terapia, mientras más temprano se realicen el diagnóstico y la intervención mejores serán los resultados. Lo ideal es que sea bajo los siete años de edad, sin embargo niños mayores, aunque no en la misma medida, se ven igualmente favorecidos.
El pronóstico, así como el tiempo de duración de la terapia van a depender de varios factores, entre ellos: el diagnóstico (importante ver si es un problema de I.S. primario, o si está asociado a otro cuadro), la edad del niño, el apoyo de la familia, la regularidad en el tratamiento. La experiencia y la investigación han demostrado que todos los niños tratados con I.S. se ven favorecidos en distinta medida.

Fuente: http://www.calpeyabyla.com/profiles/blogs/lente-sensorial-apoyo-terapeutico-y-pronostico

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Lente Sensorial: niveles y Disfunción Sensorial (Parte 2)

lunes, 24 de noviembre de 2014

Por Juanita Rojas, Terapeuta Ocupacional 
En la mayoría de los niños, la integración sensorial se desarrolla de manera espontánea mediante las actividades propias de la infancia, es decir, la exploración del medio, el juego, la interacción con sus pares, el experimentar desafíos motrices, el desempeño en actividades de autoayuda, etc. Los primeros siete años de vida son los más importantes para este desarrollo, pues es en este período donde casi toda la actividad forma parte del proceso de organizar las sensaciones en el sistema nervioso.Esta organización sensoriomotriz se va construyendo mediante respuestas adaptativas, a través de las cuales el sujeto maneja su cuerpo y su conducta de acuerdo a las demandas del ambiente.
Cada respuesta adaptativa conduce a un  mayor desarrollo de integración sensorial. Las respuestas adaptativas conllevan diferente complejidad según la edad del niño. Así, en un bebé una respuesta adaptativa es el hecho de levantar su cabeza cuando lo ponemos boca abajo o acomodar su cuerpo al de su madre cuando ésta le da de mamar, mientras que en un niño de tres años, una respuesta adaptativa es lograr hacer burbujas con espuma soplando una pajita o sostenerse de las cuerdas de un columpio y acomodar su cuerpo al movimiento cuando le damos impulso; en niños de entre cinco y siete años, uno de los mayores desafíos es el lograr manejar diversas herramientas y objetos, tales como lápiz, cubiertos, botones, cierres, tijeras, hasta lograr la habilidad suficiente como para saltar la cuerda o pedalear una bicicleta. A. Jean Ayres, describió cuatro niveles en el proceso integrativo sensorial.

Primer Nivel. Dos meses
Desde el nacimiento en adelante, si bien todos los sistemas están presentes, el niño recibe las primeras sensaciones a través de la piel, del movimiento y la gravedad y de los músculos, articulaciones y ligamentos, es decir de los sistemas táctil, vestibular y propioceptivo que ya venían madurando antes de nacer. El tacto le ayuda a lograr la succión y la alimentación, además de cumplir un rol clave en el vínculo afectivo madre-hijo. La información de movimiento a través del sentido vestibular y propioceptivo le permiten una mejor acomodación de la postura, el tono muscular, los movimientos oculares, el equilibrio y la seguridad gravitacional.

Segundo Nivel. Un año
Los tres sistemas básicos, táctil, vestibular y propioceptivo, se integran para dar comienzo al desarrollo de la percepción corporal, la coordinación bilateral, el planeamiento motriz, la capacidad de atención, el nivel de actividad y la estabilidad emocional.

Tercer Nivel. Tres años
Las sensaciones auditivas y visuales entran en el proceso integrándose con los otros sentidos. El niño comprende el lenguaje y se comunica verbalmente. Va adquiriendo la organización visual y la coordinación ojo-mano. Estos logros a su vez le permiten realizar diversas actividades con propósito, como armar un puzzle, usar un lápiz para pintar o dibujar, jugar con una pelota o construir con cubos u otro material.

Cuarto Nivel. Seis años
En este nivel tenemos el producto final de la integración sensorial: habilidadespara el aprendizaje académico, incluyendo pensamiento abstracto y razonamiento; capacidad de atención; organización de la conducta; especialización de los dos lados del cuerpo; acciones motoras complejas y aspectos de la personalidad como autoestima, autocontrol, confianza en sí mismo.
Las funciones que componen estos cuatro niveles no se desarrollan en forma aislada ni en un único tramo de edad, sino que se van sobreponiendo y perfeccionando unas con otras durante toda la infancia, hasta conformar un conjunto íntegro. A los seis años, el primer y segundo nivel deberían estar completos, el tercero aún en desarrollo y el cuarto adquiriendo mayor relevancia, pues refleja el inicio de la culminación de este proceso de integración.

Disfunción Sensorial
Si volvemos a nuestra plaza de juegos, recordaremos que había un niño que no quería subirse al columpio. Claramente esta situación le provocaba ansiedad o miedo, por lo cual la rechazaba llorando. Es frecuente oír a padres de los niños decir frases como estas: “no le gusta jugar a la pelota” o “no le gusta andar en bicicleta”, “no se columpia” “se cae mucho”, “no tolera que lo abracen”. Sin embargo, lo que vemos en nuestra consulta no es que al niño “no le guste”, sino que él evita esa actividad porque no ha logrado la suficiente integración sensorial que le permita enfrentar con éxito lo que para él implica un desafío.
Como decíamos anteriormente, la integración sensorial se desarrolla en forma natural a través de las actividades propias de la niñez, sin embargo, a veces este proceso no ocurre así y entonces tenemos en el niño reacciones o actitudes que no nos parecen las más adecuadas o que no comprendemos. En la teoría de la Integración Sensorial no se habla de un daño sino de una disfunción, porque no es que el cerebro no esté procesando la información sensorial, sino que lo está haciendo, pero de manera atípica. El sistema nervioso central no está siendo eficiente al analizar y organizar las sensaciones. Entonces no siempre es fácil detectar una disfunción de integración sensorial, pues “no vemos” un daño motor o físico, una enfermedad, una lesión. Frecuentemente los padres o profesores perciben algo distinto en ese niño, pero no saben qué es. Es algo diferente en la calidad del movimiento, en sus reacciones emocionales, en su comportamiento, lo que a veces los lleva a pensar que el niño es “mañoso” “difícil” o “torpe”. Incluso,frecuentemente los problemas de integración sensorial son mal interpretados como problemas psicológicos.
Entre las posibles causas de esta disfunción encontramos factores genéticos o hereditarios; es frecuente escuchar decir a los padres, “yo era igual cuando niño” o “tengo otro hijo con características muy similares”. Otras causas son la deprivación ambiental, causas relacionadas con el período pre y post natal, como el abuso de alcohol o drogas, medicamentos, toxinas, complicaciones del embarazo, hipoxia, prematuridad o causas desconocidas.

Fuente: http://www.calpeyabyla.com/profiles/blogs/lente-sensorial-niveles-y-disfuncion-sensorial-parte-2

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Lente Sensorial (Parte 1)

viernes, 21 de noviembre de 2014


Por Juanita Rojas, Terapeuta Ocupacional

"Comenzaré recordando un día cualquiera, en el que fui a una plaza de juegos con el único objetivo de observar qué hacían los niños. Había niños de diferentes edades, desde bebés en sus cochecitos hasta niños de entre siete y nueve años. La mayoría se movía mucho, es decir, corrían, se columpiaban, se tiraban por el resbalín, algunos jugaban a “marearse”;otros, los más grandecitos, hacían secuencias poniéndose desafíos: saltaban entre obstáculos, se colgaban de barras trasladándose a través de ellas y luego pasaban a otro juego sin tocar el suelo. Un pequeñito, sentado en el suelo, llenaba una botella con tierra o se erguía lanzando tierra a otros niños. Otro no compartía su pelota, entonces los demás lo empujaban. Casi todos reían o hablaban mucho subiendo el tono de la voz. Algunos seguían a otros,imitándolos en las diferentes actividades y claramente, se veían diferencias en relación a sus destrezas motoras y a su capacidad de iniciar o de crear juegos; sin embargo, casi todos jugaban y era evidente que lo estaban pasando bien, que eran felices. Digo casi todos, pues había uno que no quería subirse al columpio y a pesar de que su madre lo animaba, él se negaba llorando.
Y bien, filmé ese día, pues era simplemente maravilloso observar a estos niños jugando, ver toda su capacidad motriz y su expresión socio emocional desplegadas en esa plaza. Lo que yo veía era lo físico, lo motor, pero paralelamente iba haciendo una lectura “sensorial” y es eso lo que más me interesa dejar registrado en este artículo, pues cuando podemos leer, interpretar lo que hacen nuestros niños a través del “lente sensorial”, se nos enciende una luz que nos permite ver lo invisible y así encontrar la respuesta a muchas interrogantes.

CINCO SENTIDOS Y ALGO MÁS…
Aquellos niños de la plaza, mediante el juego, una actividad esencial en la infancia, “nutrían” su sistema nervioso a través de una variedad de sensaciones recibidas gracias a los sistemas sensoriales.
Aunque no siempre estamos conscientes de ello, nuestra interacción con el ambiente está mediada por nuestros sentidos. Sin la información de éstos nuestra adaptación sería imposible. Los sentidos reciben información tanto del medio externo como interno y nos la entregan mediante procesos que ocurren dentro del sistema nervioso, a un nivel no consciente. En cada acción que llevamos a cabo, como agacharnos a recoger algo, masticar chicle o acariciar a un gato, está involucrado un sistema sensorial y por lo tanto, una sensación. Todos conocemos los cinco sistemas clásicos: vista, tacto, olfato, gusto y oído y hemos logrado cierta familiaridad con ellos; sin embargo, hay otros sentidos que no nos resultan tan fáciles de percibir y que sin embargo, son fundamentales en el desarrollo motor, emocional, social y en el aprendizaje, por lo tanto, esenciales para desenvolvernos en la vida diaria.

Estos son: El sistema vestibular, que procesa información acerca del movimiento, cambios en relación a la gravedad y equilibrio y cuyos principales receptores se encuentran ubicados en el oído interno.
El sistema propioceptivo, que procesa información acerca de la posición y movimiento de las partes de nuestro cuerpo así como de la relación entre ellas. Esto lo hace a través de receptores ubicados en los tendones, músculos y articulaciones. Estos sistemas empiezan a funcionar muy tempranamente en la vida, incluso antes del nacimiento y a medida que se desarrollan van estableciendo íntimas conexiones entre sí. Si bien existen investigaciones y estudios sobre la integración sensorial en los sistemas más clásicos, en este artículo me centraré en los tres más importantes dentro de la teoría de Integración Sensorial: vestibular, propioceptivo y tactil.

INTEGRACIÓN SENSORIAL
Volvamos a la plaza de juegos… Mediante las diversas actividades que los niños realizan, van recibiendo múltiples sensaciones, entre ellas, de movimiento es decir, vestibulares (columpiarse, tirarse por el resbalín, girar sobre sí mismo, saltar), de fuerza y resistencia física, es decir, propioceptivas (colgarse de barras, empujar a otros, correr, sostenerse de una cuerda) y tactiles (tirar tierra, echarla en una botella, tocar a otros, palpar diferentes texturas). Estas sensaciones viajan desde el receptor periférico hacia el sistema nervioso central donde son procesadas y organizadas mediante el establecimiento de múltiples conexiones entre estructuras subcorticales y corticales.
Cuando el cerebro procesa eficientemente la información sensorial, esto se traduce en adecuadas respuestas frente al medio. Quiere decir entonces que nuestro cerebro ha modulado adecuadamente la información sensorial. Llamamos modulación a la habilidad de filtrar la información sensorial de llegada, de modo de ignorar los estímulos irrelevantes y focalizarse en estímulos más pertinentes. La modulación de la información sensorial es clave para lograr una adecuada capacidad de atención y por ende, para actuar con propósito y de manera adaptativa según las demandas del medio. La Dra. A. Jean Ayres, terapeuta ocupacional creadora de la teoría y práctica de la integración sensorial, quien comenzó sus investigaciones en la década de los sesenta, la definió como “la organización e interpretación de la información sensorial para su uso en la vida diaria, reflejándose en una conducta motora adaptativa y patrones de aprendizaje y conducta adecuados”.


Fuente:  http://www.calpeyabyla.com/profiles/blogs/lente-sensorial

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Entender a los niños Asperger

sábado, 30 de agosto de 2014


Entender a los niños Asperger es fundamental para apoyarlos

                                                                                   
 Dra. Lilian Cohen y Equipo INASMED
Las personas Asperger pueden ser muy diversas entre sí, por ello se tiende cada vez más a hablar de “espectro asperger”. Si deseamos apoyarlos, es importante que nos centremos en las características más frecuentes que pueden encontrarse en ellos, las que contribuyen a dificultar su relación con los demás y ponen en riesgo su estabilidad emocional:

 1)      Dificultades en sus habilidades emocionales y sociales: no es que no quieran relacionarse con los demás; ellos tienen una manera distinta de interactuar, apareciendo a veces como desajustados, pueriles, concretos, guiados intensamente por sus intereses. Les es difícil reconocer emociones en sus interlocutores y también expresar las propias. Es posible entonces que eviten los juegos porque no alcanzan a comprender cómo participar, prefiriendo la sensación protectora de un lugar estable, como la biblioteca. Los chicos Asperger se sienten tranquilos emocionalmente cuando las cosas suceden según lo esperan, cuando el ambiente es estructurado y no son forzados a hacer cosas que no le gustan. Si bien son personas tranquilas, estas últimas situaciones descritas los pueden angustiar y llegar a producir reacciones de descontrol.

 2)  Dificultades en sus habilidades comunicacionales: en general son muy literales tanto para expresarse como para comprender y se apoyan muy poco en el lenguaje no verbal. En nuestra conversación del día a día frecuentemente usamos metáforas, ironías, gestos que pueden quedar fuera de su entendimiento o confundirlos. Pueden parecer desinteresados porque miran poco a los ojos o porque tienden a no seguir una conversación, interrumpiendo con su tema preferido.

 3)     Intereses restringidos y habilidades especiales: es posible que muestren un placer obsesivo por ciertas cosas o temas, los que pueden ir cambiando, a la vez de que pueden notarse habilidades sobresalientes en algunas áreas, como por ejemplo el dibujo, la memoria visual, computación, cálculo matemático, música, etc.

 4)      Otros: muchas veces observamos la presencia de dificultades en su habilidad motora, lo que puede verse manifestado por poca habilidad deportiva, mala letra, descoordinación. Por otra parte, pueden estar presentes dificultades de integración sensorial que entre otras cosas puede que los haga alejarse del ruido, molestarse por contacto de piel o correr y balancearse para sentir confort.

 ¿Qué podemos hacer para apoyarlos?:

- En primer término sin duda conocer su perfil individual, respetar su diversidad, fomentar la tolerancia y apoyarlo en sus necesidades particulares

- Mostrarle en forma sencilla y concreta actitudes que puedan ser desajustadas o molesten a los demás

- Explicarle siempre en positivo, sin caer en retos o descalificaciones

-    Usar apoyos visuales, tanto para comprender conceptos cómo para adquirir habilidades y ubicarse en contexto

-  Enseñar habilidades sociales, de a poco, con paciencia, inicialmente en pares a grupos pequeños

-     Protegerlo del estrés, los desajustes conductuales en su mayoría son por angustia, por no comprender algo, por sentir temor a lo desconocido, por sentirse presionado. El conocerlo nos ayuda a evitar situaciones estresantes para él que no sean necesarias

-  Usar sus habilidades e intereses para promover al máximo su desarrollo, para motivarlo y sobre todo para que pueda fomentar su autoestima, sentir su valer y ser feliz


Fuente:www.calpeyabyla.com 

http://www.calpeyabyla.com/profiles/blogs/entender-a-los-ninos-asperger-es-fundamental-para-apoyarlos 



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SEÑALES DE ALERTA DE LA DEPRESIÓN INFANTIL

martes, 19 de agosto de 2014

La depresión infantil: cómo detectarla

niño abrazando a su padre


Todos los papás queremos que nuestros hijos sean felices. No nos creemos que un niño pueda tener una depresión, pero ¡si está en la etapa más feliz! Sin embargo, a veces podemos pasar por alto señales que nos están diciendo que algo no marcha bien. Detectarlas a tiempo es fundamental para buscar ayuda y resolver aquello que está alterando el desarrollo de nuestro hijo.

¿Cualquier niño puede sufrir una depresión?


Aunque en sentido estricto, cualquier niño puede sufrir una depresión, se puede decir que existe un mayor riesgo en niños que viven bajo una tensión muy elevada o aquellos que han experimentado una pérdida traumática. El riesgo también es elevado en niños con trastornos psicológicos (de conducta, hiperactividad, dificultades de aprendizaje, etc.) y en niños con discapacidades psíquicas o físicas.

¿Cuáles son las señales de alerta?

Como decíamos al principio, un diagnóstico y tratamiento precoces es la mejor prevención de problemas mayores en el futuro, por lo tanto, en cuanto detectemos los primeros síntomas es importante acudir a un especialista que establezca la intervención más adecuada.
Un aspecto a tener en cuenta es que en los niños la depresión se puede manifestar de forma diferente que en los adultos. Todos relacionamos la depresión con estar triste e incluso llorar todo el tiempo, sin embargo, los niños, con un desarrollo cognitivo y emocional todavía inmaduro, no saben lo que les pasa ni cómo expresarlo, por eso es frecuente que la depresión se manifieste con irritabilidad en vez de con tristeza.
Lo más importante es estar alerta a posibles cambios de comportamiento, es decir, no es tanto que suceda una cosa u otra sino más bien, que observamos un cambio importante en su comportamiento que no sabemos explicar. Algunos de estos cambios pueden ser:
  • El niño deja de jugar con sus amigos y pasa más tiempo solo
  • Ya no le interesan las cosas que antes le gustaban
  • Comienza a comportarse mal en casa, ha dejar de hacer cosas que hacía y a tener más rabietas
  • En la escuela nos informan de que ha comenzado a comportarse mal cuando antes no lo hacía
  • Está triste la mayor parte del tiempo
  • Presenta llanto fácil
  • De repente le cuesta conciliar o mantener el sueño, se despierta a menudo y pasa el día cansado
  • Hay cambios en el apetito, o no tiene ganas de comer o tiene muchas y aparecen los atracones de comida
  • Expresa frases relacionadas con sentimientos de inferioridad y de no ser querido
  • Falta de concentración, se distrae con más facilidad que antes
  • Falta de energía, le cuesta hacer cualquier actividad y parece estar muy cansado siempre
  • Se escapa de casa o fantasea con la idea de hacerlo
Como decía, lo más llamativo suele ser que se produce un cambio y por eso, la importancia de que los papás estemos siempre atentos y escuchemos las inquietudes de nuestros hijos. Según la edad, es posible que nuestro hijo no sepa expresar con palabras lo que siente y lo exprese de otras formas, a través de dibujos, cambios en las cosas que le gustan, rabietas no motivadas, etc. Ante la duda, es mejor preguntar una segunda opinión, preguntar en el colegio por si han observado algún cambio y, si es necesario, solicitar ayuda de un especialista.


Fuente: http://www.serpapas.com/depresion-infantil-como-detectarla/

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